Ángel Rosa

Elecciones 2020

Por Ángel Rosa
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La “ley” de Guillermo Miranda

Guillermo Miranda Rivera, un representante a la Cámara en su primer cuatrienio que fue único superviviente de la derrota del Partido Nuevo Progresista (PNP) en su distrito de Morovis, Manatí, Vega Alta y Vega Baja en las elecciones de 2016; se añade desde hoy a la lista de legisladores PNP que han tenido que renunciar antes de que termine el cuatrienio.  Su nombre está desde hoy junto al de Samuel Pagán y Ramón Rodríguez Ruiz, quienes asediados por escándalos laborales o personales terminaron desahuciados políticamente.

Miranda, famoso por redactar junto a María Milagros Charbonier una ley que, queriendo proteger la libertad religiosa de los empleados públicos, terminó siendo el símbolo de una intentona fundamentalista para coartar derechos a la comunidad gay; fue delatado por una grabación telefónica en la se escucha regañando a una empleada a la que despidió por negarse a vender dos libretas para su campaña.  “Disciplina es disciplina. Si estás dentro estás adentro con todo. Si no estás con todo, no estás.”, se escucha a Miranda decirle a una empleada. Al mismo tiempo, le aclara que le dio potestad a un tal Paco, administrador de la oficina, para que “disponiera drásticamente” de los que no siguieran la “ley” de la que todos se estaban beneficiando.

La torpeza de Miranda es impresionante.  Pero más impresionante resulta su conclusión de que extorsionar a sus empleados para desviar fondos de la nómina pública a través de tretas conocidas en la política de las maquinarias partidistas es la verdadera ley.  En menos de 24 horas todo el liderato del PNP, aún aturdido por la crisis del verano de 2019, lo abandonó y exigió su renuncia.  Johnny Méndez dejó saber que si no renunciaba sería expulsado del cuerpo legislativo.

Pero la desfachatez de Miranda debe propiciar otra reflexión.  La política en Puerto Rico es un negocio.  Por eso, a pesar de los vientos de crisis fiscal y económica unidos a la realidad del muy poco poder de los legisladores para trabajar por bien común; tantos y tantos escuchan “el llamado” de las candidaturas.  Esa es la razón por la que cuando el sentido común dicta que solo los mejores debieran estar disponibles, las papeletas primaristas de los partidos están abundantemente pobladas de aspirantes. Todo bajo la falacia generalizada de que la democracia se enriquece con las candidaturas.

Finalmente, el incidente con Miranda nos revela otra conclusión. En la era de la tecnología y las redes sociales, muchas de las reglas tradicionales de la política partidista constituyen escándalos públicos que se llevan de por medio la reputación y honra de los aspirantes.  Convendría que desistieran de jugar con la “leyes del beneficio mutuo”.  Porque si el “beneficio” le parece a un empleado que no es tan mutuo, termina tirándolos al medio sin remordimientos.  

Dicho de otra forma, muchachos: las cosas han cambiado.


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martes, 22 de octubre de 2019

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