Jessica Bernard Boígues

Punto de vista

Por Jessica Bernard Boígues
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La libertad de culto en tiempos de COVID-19

Ante el enfrentamiento de la nueva realidad social provocada por el COVID-19, suenan las alarmas sobre el derecho constitucional al libre ejercicio de la religión, protegido por la Constitución de Puerto Rico y la Constitución de Estados Unidos. Por un momento, hablemos del derecho constitucional y dejemos a un lado los fundamentalismos basados en creencias personales y soslayados por las emociones humanas. 

El derecho constitucional al libre ejercicio del culto religioso está establecido en la primera enmienda de la Constitución de Estados Unidos y en el Art. II, Secc. 3 de la Constitución de Puerto Rico. Se garantiza que toda persona pueda escoger y ejercer sus creencias religiosas, según sea su preferencia, sin que el Estado intervenga en dicha decisión. La protección constitucional no es absoluta y consiste principalmente en priorizar las convicciones humanas de índole religiosa sobre las leyes que puedan tener como efecto obligar a una persona a actuar contrario a sus creencias. Cuando el Estado quiera intervenir con la libertad de religión debe demostrar: 1. Que existe un interés gubernamental apremiante; 2. Que la interferencia con el ejercicio de la religión es necesaria para alcanzar su propósito, cualquiera que sea; y 3. Que no existen medios menos onerosos para lograr ese propósito.

Como es de conocimiento general, el 15 de marzo de 2020, la gobernadora Wanda Vázquez Garced firmó la Orden Ejecutiva Núm. 2020-023. En la misma la gobernadora estableció un toque de queda apremiante, prácticamente total, a base del cual hizo viable el cierre gubernamental y privado. De esta manera, se prohibieron todo tipo de actividades, excepto aquellas designadas como esenciales. Esta medida se justificó con el argumento del interés apremiante del Estado en disminuir el riesgo de contagios que presenta la aglomeración de personas en dichas actividades. Entre las prohibiciones de la Orden Ejecutiva quedaron incluidos los servicios religiosos. 

Desde entonces, el comercio comenzó a reinventarse día a día con el propósito de sobrevivir a las futuras repercusiones económicas debido al cierre total. Los sectores religiosos, en acuerdo y obediencia de la ley, también comenzaron a reinventarse ofreciendo servicios en línea para mantenerse haciendo parte de su labor eclesiástica.  

Si bien es cierto que algo se mencionó sobre el sector religioso en la OE Núm. 2020-29, firmada el 30 de marzo de 2020, también es cierto que las restricciones impuestas anteriormente a otros sectores han cambiado significativamente. El gobierno, impulsado por las recomendaciones del Task Force Económico, en un intento por reabrir la economía, permitió a múltiples sectores la reapertura de sus operaciones. Entre estos sectores que tienen permitida su apertura, siguiendo protocolos de seguridad rigurosos, están las megatiendas. Sin embargo, ¿cuántas personas hay en una fila esperando largas horas en las afueras de estas tiendas? ¿Cuántos realmente mantienen el distanciamiento social una vez entran a los establecimientos? Seamos realistas, muchos ya hemos sido testigos de lo que estoy diciendo. Entonces, ¿cuán apremiante es para el Estado continuar la prohibición a la actividad religiosa en sus respectivos centros de congregación? ¿Cuán diferente puede ser el riesgo de contagios al permitir actividades religiosas bajo dichos protocolos de seguridad? ¿En qué puede ampararse el gobierno para negar medidas similares a las permitidas en las tiendas para el funcionamiento de otros sectores empresariales y comercios? 

Realmente, ¿la prohibición es por seguridad salubrista o acaso es que las prohibiciones se mueven y se flexibilizan por intereses económicos?

Estamos alerta ante los atropellos constitucionales, fundamentando nuestra opinión en una de las muchas circunstancias apremiantes que hoy por hoy tocan las puertas de los juristas puertorriqueños. La Iglesia, con todo lo que implica esta palabra, merece su espacio, su protección constitucional y su importancia en la nueva realidad que enfrentamos.

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