Mariano Mier

Punto de vista

Por Mariano Mier
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La libertad en medio de la crisis

Es un dicho trillado que la libertad requiere una vigilancia eterna. En medio de las crisis ese deber de vigilancia cobra una urgencia especial. Por ejemplo, el pueblo estadounidense, cuyo sistema de gobierno se funda en ideales de libertad, fue muy presto a claudicar a parte de ella luego del 9-11 mediante legislación. En Puerto Rico, demasiado dispuestos a depender del Estado para la solución de nuestros problemas y a dar por buena la autoridad de los gobernantes, nos anulan los derechos y libertades fundamentales con un plumazo de dudosa legitimidad, sin que, con contadas y frecuentemente repudiadas excepciones, lo notemos o protestemos.

Nadie cuestiona que peligros como el coronavirus exigen medidas cautelares y en ciertos aspectos extremas. No obstante, las respuestas tienen que ser legales, proporcionadas, no discriminatorias, sujetas a un escrutinio estricto y lo menos lesivas posible a los derechos de la ciudadanía. Deben ser armas de precisión, ajustadas al caso, no artillería a mansalva. Una crisis, cualquiera que sea, no puede servir de excusa para privar al pueblo de sus derechos civiles sin criterio ni distinción. Aun si concluyéramos que en cierta medida es necesaria alguna restricción, no podemos complacernos con la supresión. Mucho menos debemos aceptarla sin cuestionar, permitiendo que se sienten precedentes extraordinarios que luego se puedan tornar en usuales.

Por otro lado, la libertad requiere responsabilidad. Ahí quizá reside parte del problema. Como pueblo, como individuos, como comunidad, muchas veces no queremos aceptar ni asumir la responsabilidad. La cedemos al Estado, y junto con ella se nos va la otra cara de la moneda: la libertad. Facilitamos que el gobierno pueda darla en trueque no tanto por nuestro bienestar sino por una cortina con que tapar su inacción, ineficacia e incapacidad.

En estos pasados años, Puerto Rico ha sufrido un doloroso retroceso económico y político. Ahora, abofeteados con tres crisis, una tras otra, nos urge estar pendientes a que, amedrentados por el miedo, el desgaste y la vulnerabilidad, no caigamos víctimas también de un deterioro en el disfrute de nuestras libertades y derechos, donde tan recientemente como el verano del 2019 exhibimos un avance ejemplar.


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