Jaime L. Marzán Ramos

Tribuna Invitada

Por Jaime L. Marzán Ramos
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La literatura en tiempos de crisis

La palabra crisis, escrita con “k”, y para ellos significaba desición… lo que nos puede llevar a pensar que, para los griegos, el tomar una "desición" significaba lo que pudiéramos llamar “entrar en crisis”.

En los tiempos modernos, sin embargo, la palabra crisis ha venido a significar “una situación difícil y tensa, de cuyo fin depende la reanudación de lo que se considera normal”.

La cosa se complica cuando tomamos en consideración el hecho de que existen distintos tipos de crisis… Por ejemplo, existe la crisis económica, la crisis ministerial o política, la crisis familiar, la educativa, la de salud y una de la que escuchamos muy a menudo: la crisis nerviosa.

Ya, para nosotros, “crisis” ha dejado de ser “desición” y se ha convertido en un estado del ser que contiene altos niveles conscientes de violencia. Podríamos así llegar a una temprana conclución: toda crisis conlleva actos violentos.

Y ¿cómo negar esa hipótesis cuendo la inmensa mayoría de nuestros actos tienen a la violencia como uno de sus principales ingredientes? Desde la procreación hasta el momento de la muerte, cada cosa que el hombre hace contiene un cierto grado de violencia. Y cuando nos referimos a la Naturaleza, desde el germinar de una semilla hasta el más destructor de los huracanes, vemos que la violencia es tan propia de nuestro universo como lo son los astros celestiales, hijos también de acontecimientos violentos siderales.

Y ¿dónde está la violencia en la crisis? Pues, en todo nuestro entorno. Podríamos decir que la violencia y la crisis son tal para cual. La violencia trae consigo a la crisis, y la crisis trae consigo a la violencia. Y si unimos ambos términos lo que sacamos es una crisis violenta, como la que vive hoy día Puerto Rico.

Ya hemos visto cómo la crisis dejada atrás por los huracanes Irma y María ha creado un ambiente de violencia que irrumpe salvajemente en nuestro modo de vida. Hoy no somos los mismos que éramos el pasado 19 de septiembre. Hemos cambiado; porque la crisis trae violencia y la violencia trae consigo el cambio.

Puerto Rico sufre, amargamente, la crisis y la violencia que traen el cambio. Y ese cambio va a influir, directa o indirectamente en todo nuestro quehacer social, politico, económico y cultural. Ya en la Radio se escuchan canciones relativas al cambio y la publicidad se ha “botao” creando falsas expectativas con eslóganes como “Puerto Rico se levanta” y otros similares.

Esto de la crisis, la violencia y los cambios hay que mirarlo con la seriedad que se merece, porque las tres cosas traen consigo una nueva filosofía de vida que tarde o temprano habrá de calar, violentamente si se quiere, en nuestro ánimo de pueblo. Y, para mí, no hay nada que mejor recoja y exponga esa nueva filosofía de vida que la literatura.

El mejor y más cercano ejemplo que les puedo dar –de cómo la crisis puede tener ingerencia en la literatura- es el cuento de José Luis González “La noche que volvimos a ser gente” que nos presenta como escenario el gran apagón ocurrido la noche del 13 de julio de 1977, en la ciudad de Nueva York.

Yo no tengo duda alguna de que de las cenizas que nos han dejado aquellos que nos sumieron en la crisis económica que vivimos y los estragos que nos dejaron estos pasados fenómenos naturales, surgirá un nuevo Puerto Rico. Y con él, todo renovado, incluyendo nuestros temas literarios y nuestras letras.

Nos toca estar preparados para ese gran evento cultural que se avecina. Marquemos juntos el nuevo hito que seguramente nos distinguirá de ahora en lo adelante: el nacimiento de una nueva y transcendental temática en la literatura puertorriqueña.

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