Eunice Santana Melecio

Tribuna Invitada

Por Eunice Santana Melecio
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La llegada del huracán reta nuestra fe

Ya llevamos varios días siguiendo el desarrollo y la trayectoria del huracán Irma.  De seguro algunas personas han estado apostando que el fenómeno atmosférico no nos visitaría, que se trata de exageraciones para distraernos del huracán económico y político que azota al país.

Pero parece que Irma insiste en visitarnos y no meramente dejarse sentir a la distancia.  Como es natural, esto causa ansiedad y miedo a amplios sectores del pueblo, sobre todo a quienes se reconocen como vulnerables por ser pobres, habitar casas en zonas inundables o cerca de ríos y el mar o estar físicamente débiles y sin compañía, entre otras cosas.

Detener estos fenómenos no está al alcance humano a pesar de que ayudamos a crearlos a través del trato poco cuidadoso que le damos al planeta, provocando el calentamiento global.  Esto nos debe llevar a la reflexión sosegada sobre nuestros hábitos y costumbres y al compromiso de modificar toda conducta que lacere la creación de Dios y altere el orden natural adversamente. Además, debemos cuidarnos de no caer en la tentación de pensar que son castigos de Dios o manifestaciones de abandono.  Dios es amor.

Definitivamente, en situaciones como esta, la fe puede aportar un sentido de seguridad basado en que, aunque andemos en valle de sombra de muerte, Dios está con nosotros. “(Salmo 23).  O sea, que la presencia del Espíritu Divino ha de acompañarnos en todos los lugares y en todas las situaciones que tengamos que enfrentar no importa lo difíciles que sean.  La oración de fe afirma esa presencia independientemente de lo que pueda suceder. Eso hace posible mantener la calma, aunque estemos en el ojo del huracán.   

La oración de fe no le dice a Dios lo que debe hacer, sino que da gracias por las dádivas que recibimos y pide perdón, iluminación y determinación para hacer con valentía lo que nos toca hacer.

Para superar momentos como estos de incertidumbre y temor, y como testimonio de fe, debemos sacar a la superficie lo mejor que hay en nosotras y nosotros, extendiéndole la mano a los vecinos y vecinas antes de que llegue el huracán, en medio de los preparativos.  Aprovechemos la oportunidad que se nos presenta para practicar la solidaridad, el amor al prójimo.  Encerrarnos en nosotros mismos y nuestra precariedad es asfixiante y produce desesperación.  Salir de la preocupación y quehacer egoísta, individualista, centrado únicamente en nuestra persona y familia inmediata, nos ofrece oxígeno -esparcimiento espiritual- que nos renueva.

Momentos como estos nos deben mover a redescubrirnos como el archipiélago que somos junto a Vieques y Culebra, y a identificarnos con los pueblos vecinos como parte de una región donde habitan hermanas y hermanos, miles de ellos aún más vulnerables que nosotros.  Demos gracias porque no estamos perdidos en la soledad.  El Espíritu Divino está con nosotras y nosotros y con nuestros pueblos, aun en medio de la tormenta.  

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martes, 5 de septiembre de 2017

La llegada del huracán reta nuestra fe

Para superar incertidumbre y temor, y como testimonio de fe, debemos sacar lo mejor que hay en cada ser, extendiendo la mano a vecinos, antes de que llegue el huracán, destaca la reverenda Eunice Santana en una especial reflexión

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