Eugenio Matías Pérez

Punto de Vista

Por Eugenio Matías Pérez
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La mala administración no la salva un cambio de estatus político

Uno de los grandes mitos que aflora a la hora de discutir un cambio de estatus en Puerto Rico es la pérdida de nuestra cultura y nuestra identidad. 

Sin embargo, un evento histórico que pasa desapercibido en este tema y que representó un cambio de mayor trascendencia para los puertorriqueños fue nuestra ciudadanía. 

Estados Unidos le dio su ciudadanía a un pueblo caribeño hispanoparlante, en un escenario histórico donde estaban vigentes las leyes “Jim Crow,” existía la segregación y los linchamientos a los afroamericanos eran frecuentes. Ciertamente, convertir a los puertorriqueños en ciudadanos estadounidenses fue un hecho más difícil, si se compara con la admisión de Puerto Rico como estado de la unión norteamericana.

Por otra parte, la transculturación -ese concepto antropológico que se define como la adopción por parte de un pueblo o grupo social, de formas culturales de otro pueblo que sustituyen completa o parcialmente las formas propias- se produjo en las primeras décadas del siglo XX. Entonces se introdujo el idioma inglés y los demás defectos y virtudes del modo de vida estadounidense. 

Hoy lo que existe en Puerto Rico es el resultado cultural de aquel proceso histórico. Nuestra isla lleva más de 120 años como territorio estadounidense y nuestra cultura continúa viva y radiante. De igual forma pasará si el pueblo decide admitirse como otro estado de la nación. 

La admisión de Puerto Rico a la Unión Federal de Estados, cambia pocas cosas. Entre ellas, los puertorriqueños tendríamos que pagar impuestos federales. Esta aportación al Tesoro Federal nos da el derecho a tener dos senadores y alrededor de cuatro representantes en el Congreso Federal y el voto presidencial. 

¿Cómo esto afecta nuestra cultura? En nada. ¿Cómo afecta a los Estados Unidos? En nada. Las dinámicas en Casa Blanca y el Congreso continuarán de la misma forma. Estos tendrían que contar con el voto de nuestros congresistas como lo hacen con el resto de los Estados. 

Por dos senadores y cuatro representantes, los puertorriqueños no dejaremos de comer lechón asado y beber pitorro en navidades. Tampoco dejaremos de hablar nuestros idiomas. Ahora bien, con el tiempo se apreciarán cambios culturales, resultado de la globalización, que en nada tienen que ver con el estatus político. Cambios que surgen como parte de la constante evolución social que se ha dado en el mundo a través de los siglos. 

Por último, es importante reconocer que la admisión de Puerto Rico traería unos beneficios que actualmente no existen como resultado de nuestra condición territorial. Pero debemos ser responsables con este tema. Podremos tener mayores beneficios e igualdad de condiciones, pero si continuamos con malas administraciones, heredaremos los problemas actuales. Pues la mala administración no la salva ni la estadidad, ni la independencia, ni evidentemente el estatus actual. 

Bajo cualquier estatus político, Puerto Rico necesitará de los mejores hombres y mujeres que puedan administrar eficientemente nuestro gobierno. Y en cuanto a nuestra cultura, podemos afirmar con la estadidad, que nuestro estatus político actual morirá, pero nuestra cultura quedará y triunfará. 

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