Julio Berdegué

Punto de vista

Por Julio Berdegué
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La mala alimentación nos pone a todos en riesgo

Carissa F. Etienne, directora regional de la OMS/OPS; Bernt Aasen, director regional AI para UNICEF en América Latina y el Caribe; y Miguel Barreto, director regional del WFP para América Latina y el Caribe, son coautores de esta columna.

El bajo crecimiento económico, los fenómenos climáticos graves, modos no sostenibles de producción y consumo de alimentos, y la transición demográfica, epidemiológica y nutricional están poniendo en riesgo la seguridad alimentaria de América Latina y el Caribe.

La nueva edición del Panorama de la seguridad alimentaria y nutricional en América Latina y el Caribe 2019, publicado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la Organización Panamericana de la Salud/Organización Mundial de la Salud (OMS/OPS), el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) y el Programa Mundial de Alimentos (WFP), destaca que, por cada persona que sufre hambre en la región, más de seis padecen sobrepeso u obesidad. La prevalencia del sobrepeso está aumentando en todos los grupos de edad, especialmente en adultos y en niños en edad escolar. En la actualidad, casi un cuarto de la población adulta de la región sufre de obesidad, mientras que el sobrepeso en menores de 5 años ya alcanza el 7.5%, por encima de la prevalencia mundial del 5.9%. 

Si bien el sobrepeso se ha duplicado desde mediados de la década de 1970, la obesidad se ha triplicado. Este explosivo crecimiento no solo amenaza el bienestar de la población, sino su vida misma: de acuerdo con el informe, 600,000 adultos mueren al año en la región debido a enfermedades relacionadas con una alimentación poco saludable. 

Pero no solo ha crecido la obesidad, sino también el hambre: entre 2014 y 2018, la subalimentación aumentó en 4.5 millones hasta alcanzar un total de 42.5 millones de personas, principalmente debido al deterioro de la seguridad alimentaria en un número reducido de países. Por su parte, la inseguridad alimentaria —entendida como la interrupción parcial o total del acceso a los alimentos— afecta a 187 millones de personas en nuestra región, especialmente a las mujeres: 69 millones sufren inseguridad alimentaria, frente a 55 millones de hombres. 

El Panorama de la seguridad alimentaria y nutricional en América Latina y el Caribe explica estos cambios en la región a partir de los entornos alimentarios, entendidos como los espacios de interacción entre las personas y las condiciones físicas, económicas, políticas y socioculturales que influyen en la manera en que adquieren, preparan y consumen alimentos. 

Los entornos alimentarios han cambiado, en parte, por la forma en que se producen, venden, publicitan y etiquetan los productos alimentarios. Las ventas de productos ultraprocesados son las que más crecen, lo que incrementa la exposición de la población a altas cantidades de alimentos con exceso de energía y bajo valor nutricional, es decir altos en azúcar, sodio y grasas. La expansión de las cadenas de supermercados ha dado pie a que estos productos estén disponibles en todas partes y a precios inferiores que la comida más nutritiva. Entre el año 2000 y 2013, el consumo de alimentos ultraprocesados creció más de un 25%, y el consumo de comida rápida, casi un 40%.

Los pobres son quienes más sufren todos estos cambios, ya que hoy resulta mucho más caro comer sano que comer mal. Muchas personas viven en desiertos alimentarios, lugares donde resulta muy difícil encontrar alimentos sanos y nutritivos, y otras habitan pantanos alimentarios, caracterizados por una sobreabundancia de alimentos ultraprocesados.

Pero esto no es una tragedia sin solución. Al contrario, existen numerosas alternativas. 

Recientemente, muchos países han innovado en materia normativa y de políticas públicas. Por ejemplo, Chile, Ecuador, Perú y Uruguay han implementado leyes de etiquetado de alimentos. Chile, México y Perú han puesto en marcha diferentes medidas para limitar la publicidad de alimentos. Brasil, Chile, Costa Rica, Ecuador, Jamaica, México, Perú, Trinidad y Tobago y Uruguay han impulsado espacios escolares más saludables. Países como Antigua y Barbuda, Bahamas, Barbados, Belice, Brasil, Chile, Dominica, Ecuador, Guyana, México, Perú, San Vicente y las Granadinas y Santa Lucía han adoptado medidas fiscales y programas de protección social, como los de alimentación escolar y las transferencias monetarias a las familias vulnerables para favorecer una dieta sana y nutritiva.

La única manera de enfrentar el alza de la malnutrición en la región es mediante iniciativas urgentes y armonizadas de los gobiernos y de los distintos sectores y actores del sistema alimentario. América Latina y el Caribe están llenos de buenos ejemplos de solución a esta grave crisis. La gran tarea que aún nos queda por delante es diseñar y poner en marcha estrategias integrales que tengan el alcance y la urgencia requeridos por la enorme magnitud que plantea este desafío.

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