Aníbal Feliciano Rivera

Tribuna Invitada

Por Aníbal Feliciano Rivera
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La marcha de migrantes en aras de un pacto social

La situación que se vive en Honduras tiene de fondo unas profundas raíces socioeconómicas con 64.5% de la población en nivel de pobreza y 42.6% pobreza extrema según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), ocupa la posición 130 a nivel mundial en desarrollo humano, a su vez por los últimos 10 años ha estado en entredicho la legitimidad de la institucionalidad gubernamental. La marcha de los migrantes que alcanza más de 7,000 almas no se da en el vacío sino en un contexto determinado en mayor o menor medida por la inestabilidad política, económica y social de las últimas décadas. 

Con particular énfasis tenemos que destacar la última década la cual ha sido muy convulsa en el ámbito político, electoral y por ende institucional de Honduras. El detonante del escenario que vive el país visibilizado por la caravana de migrantes, se remonta al golpe de estado contra el expresidente José Manuel Zelaya, el 28 de junio de 2009. Dicha situación fue condenada por la comunidad internacional, la ONU y la OEA quien suspendió a Honduras como miembro de la entidad en ese entonces a consecuencia del golpe de estado. 

En aquel momento el presidente electo en funciones fue sacado violentamente de su residencia en la madrugada por un grupo de militares y enviado a Costa Rica. En dicho día se llevaría a cabo una consulta a la ciudadanía a los efectos de auscultar si estaban de acuerdo en promover una Asamblea Constituyente para eventualmente redactar y proponer una nueva constitución.  

Las demás ramas de gobierno no estuvieron de acuerdo con dicho proceder del ejecutivo, sin embargo, no se llevó acabo trámite judicial alguno y sin más se destituye al presidente en funciones. 

A partir de ese momento la sociedad se polarizo diametralmente entre quienes respaldaban un nuevo pacto social con mayor inclusión de los sectores desventajados y los sectores que promovían mantener una política de corte conservador con políticas neoliberales. La comunidad internacional, la ONU, la OEA y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos entre otros actores internacionales condenaron la acción como una de golpe de estado y se debía restaurar el orden constitucional y restituir al presidente Zelaya, lo cual no sucedió. 

Desde entonces han acontecido varios sucesos de índole electoral en donde se ha cuestionado la validez de los mismos y se ha exhortado por la OEA y la comunidad internacional que se realicen nuevamente con mayor transparencia y garantías, máxime cuando recientemente se había violentado el orden constitucional abruptamente en la sociedad hondureña. 

En tales circunstancias de cuestionamiento de falta de legitimidad del gobierno actual del presidente José Orlando Hernández, se da la caravana de migrantes con destino a los EE.UU. La misma se da en un momento muy particular o sea en la proximidad de las elecciones de medio término del congreso de los Estados Unidos. A su vez en un momento en donde el gobierno de México se encuentra en un proceso de transición entre el presidente Enrique Peña Nieto quien finaliza su término el 1 de diciembre y la entrada del nuevo presidente Andrés Manuel López Obrador de tendencia de izquierda. El presidente saliente no desea crear un caos político en las postrimerías de su mandato y el presidente entrante con una plataforma progresista que ha generado mucha expectativa, no desea generar una polémica en vísperas de su toma de posesión. 

Así las cosas, el actual presidente Trump mantiene una campaña antinmigrantes de carácter xenofóbico y racista, abiertamente expresadas y disparadas activamente desde Twitter. Este ha propuesto militarizar la frontera con México y condenar los gobiernos que no han respaldado el detener la caravana. De otra parte, los organismos de las Naciones Unidas han estado bastante activos en el reclamo de que se garanticen los derechos de los migrantes con reuniones de alto nivel a su vez manifestando que se reconozcan y respeten los acuerdos internacionales en materia de migración. Mientras el mundo observa y vigila, la caravana continúa su trayecto hacia la frontera.


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