Benjamín Torres Gotay

LAS COSAS POR SU NOMBRE

Por Benjamín Torres Gotay
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La mirada del monstruo

En los pasillos del Congreso de Estados Unidos ocurrió esta semana algo que hace años no veíamos los puertorriqueños.

Juntos como hermanitos, tomados de la mano, cabildeando por el mismo fin, sin estarse, por ahora, dando puñaladas por la espalda, anduvieron el gobernador Ricardo Rosselló y dos de sus antecesores en el cargo, Aníbal Acevedo Vilá y Alejandro García Padilla, que son del partido contrario.

Fueron como parte del Frente por Puerto Rico que hace unas semanas convocó el gobernador y al que se sumaron los otros dos, a pesar que durante su mandato García Padilla intentó un esfuerzo similar y Rosselló, entonces líder de la oposición, no respondió al llamado.

Mas agua pasada no mueve molinos y allí estaba Rosselló con el apoyo de Acevedo Vilá y García Padilla implorando en el Congreso que se le asignen fondos a Puerto Rico para que el plan de salud del gobierno no caiga en los próximos meses como casa de madera en tiempos de huracán.

Y, para seguir la mejor tradición ciega en la que siempre se ha gobernado aquí, estaban buscando cómo ponerle un parcho al problema, evitando, por miedo al costo político, mirar de frente el monstruo y sin plantearse, hasta ahora, una solución permanente a un asunto que lleva más de dos décadas rompiéndole el espinazo al presupuesto del Estado Libre Asociado (ELA): el costo descomunal de nuestro disparatado sistema de salud, que desde el mismísimo día en que se inauguró en febrero de 1994 se sabía que iba a terminar llevándose por el barranco a todo el gobierno.

La famosa tarjetita tiene asignados este año fiscal $2,336 millones.

Eso es el 24% del presupuesto de $9,562 millones que la Junta de Supervisión Fiscal aprobó para este año fiscal. Es, después del presupuesto del Departamento de Educación, y por ahora que no estamos pagando deuda, el gasto más grande del gobierno de Puerto Rico.

Ha sido así desde que el exgobernador Pedro Rosselló lo inauguró en 1994, contando con fondos, que no llegaron, de una reforma de salud a nivel federal que impulsaba sin éxito el entonces presidente estadounidense Bill Clinton.

¿Por qué cuesta tanto la tarjetita? Cuesta tanto porque el corazón del sistema son aseguradoras privadas que, como todo negocio privado, necesita obtener ganancias. El modelo de salud pública aquí equivale a que un gobierno en quiebra, como el nuestro, le compra seguros de salud privados a todo el que demuestre que lo necesite. Hay maneras mucho menos costosas, y más humanas, de asegurarle a cada ciudadano que lo necesite su derecho humano a la salud.

La reforma lleva años tambaleándose, por su altísimo costo. Todos los que han gobernado desde Pedro Rosselló hacia acá le han buscado la vuelta para que cueste menos, pero sin ninguno ir a la raíz del problema: el ánimo de lucro que es el alma y corazón de este sistema.

La crisis fiscal agravó el panorama de la tarjetita de maneras tremendas. El presupuesto actual de la tarjetita tiene $100 millones menos que el año anterior. Durante los próximos años, tendrán que imponerle recortes más brutales. Por el momento, 40,000 van a perder su elegibilidad. Unos 60 medicamentos dejarán de estar disponibles. El gobierno redujo brutalmente lo que pagará por algunos servicios, como radiografías.

Con todo y eso, cerca de 1.4 millones de personas cualifican para el plan, más o menos el 40% de la población de Puerto Rico.

Durante los últimos años, la reforma siguió a flote con unos $6,000 millones que se le asignaron como parte de la reforma de salud federal conocida como Obamacare.

Pero ese dinero está por acabarse y los vaticinios ahora son que dura hasta abril del año próximo. A causa de eso, el plan sufrirá durante este año fiscal un menoscabo de $368 millones. A partir del año próximo, el hoyo será de $1,200 millones anuales.

Eso era lo que estaban tratando de resolver en Washington los trillizos Rosselló, Acevedo Vilá y García Padilla. Allá, recibieron promesas de que el tema está “en el radar”. Solo eso.

Si fuera más, si se asignaran los fondos que se necesitan para mantener a flote este desvarío sería solo una solución temporera. Tarde o temprano, nos alcanzará, otra vez, la realidad de que este es un sistema de salud que este país pobre no puede pagar.

Acá, mientras tanto, surgen propuestas con mucho más sentido. El Consejo Multisectorial del Sistema de Salud de Puerto Rico, un organismo de expertos creado por ley en 2015, propone que se estudie un modelo de pagador único, que saque del medio el ánimo de lucro de las aseguradoras de salud. Mediante este modelo, el gobierno contrataría a los proveedores de salud y les pagaría, sin las aseguradoras y su necesidad de generar ganancias por el medio.

Ese es el modelo que se sigue con los trabajadores en el Fondo del Seguro del Estado y con los conductores lesionados en la Administración de Compensaciones por Accidentes Automovilísticos (ACAA), que son, no casualmente, dos de las pocas corporaciones públicas puertorriqueñas que no están en quiebra. La propuesta es que todo el gobierno funcione de esa misma manera.

Hay dudas de cuánto puede costar y la propuesta ahora del Consejo es que se haga un estudio actuarial que nos saque de dudas de una vez y por todas. Pero poca gente cree que un sistema así cueste más que la tarjeta de salud que ahora tenemos.

Por años, nuestros gobernantes le han huido despavoridos a cumplir su responsabilidad y quitarnos de encima la pesada piedra de este sistema de salud costosísimo e inhumano, que convirtió la salud del pueblo en un lucrativo negocio privado, porque la tarjeta es inmensamente popular entre quienes la tienen.

Es responsabilidad del gobierno, de toda la sociedad realmente, hacer que todos comprendamos que este es un sistema de salud que sencillamente no podemos pagar.

Nunca hemos estado en condiciones de pagarlo. Ahora, con la quiebra encima, lo estamos menos. Si no se nos cae encima hoy,se nos cae mañana. Es hora de enfrentar este monstruo.

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