Marcia Rivera

Tribuna Invitada

Por Marcia Rivera
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La misoginia se pasea por el Palacio

Algunos dirán que es una palabra de domingo y que nadie la comprende. Pero, lamentablemente, es un vocablo que precisamos entender y usar sin miedo para denominar con rigor una conducta que pica y se extiende en Puerto Rico.

A pesar de años de lucha por la equidad de género, parecería que cada día nos es más difícil a las mujeres lograr que se nos respete.

La misoginia ha invadido sectores insospechados y se pasea ahora, monda y lironda, sin ocultarse ni disimularse, por el Palacio de Santa Catalina.

La segunda entrega de los Teleleaks boricuas nos ha permitido constatar el alcance del prejuicio, el desdén y el odio que pueden tener algunos varones hacia las mujeres. Especialmente cuando estas ostentan posiciones importantes en ámbitos políticos, económicos o sociales.

Según la Real Academia Española, misoginia quiere decir aversión a las mujeres. Es un término cuya raíz etimológica viene del griego, donde tiene dos componentes léxicos: miso (yo odio) y gyne (mujer).

Confieso que nunca imaginé a que a estas alturas del siglo XXI todavía las mujeres tengamos que estar defendiendo el derecho a ser personas y que cualquier éxito profesional o personal se adjudique a que tenemos un determinado comportamiento sexual, como sugiere la lamentable expresión del señor gobernador de Puerto Rico sobre Melissa Mark Viverito.

De ninguna manera es aceptable su alegación de que solo se trató de un momento de estrés. Su conducta misógena está implícitamente avalando la conducta de hombres que maltratan y matan a mujeres porque también son misógenos.

No necesitamos que desde La Fortaleza se envién señales de que la misoginia es aceptable, tolerable y deseable.

Hay que aprender muy bien esta palabra y aprender a usarla para denunciar el comportamiento de abuso, repulsión, odio y de persistentes prejuicios que sigue habiendo hacia las mujeres.

No somos el sexo débil e inferior. De hecho, sobre los hombros de nuestras mujeres, como en el grueso de los países del mundo, recae el peso de la conducción de las familias y las comunidades; del cuidado de niños, niñas, adolescentes y ancianos.

Son ellas quienes aseguran la alimentación, la limpieza y la salud de nuestra población. Sin mujeres Puerto Rico no funciona. Respétenos, señor gobernador. ¡Basta de misogina y de machismo puro y duro! Queremos y merecemos otro trato.

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