Rafael Cox Alomar

Tribuna Invitada

Por Rafael Cox Alomar
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La muerte del plebiscito

Habló el mudo. A ocho semanas del plebiscito criollo que contra viento, quiebra y marea se nos quiere endilgar hizo su entrada en escena el flamante secretario de justicia de los Estados Unidos a través de uno de sus principales subalternos en el Departamento, Dana Boente.

Asediado por el FBI, Rusia, Siria, las peripecias diarias de Trump, y el coro de voces que desde el Congreso a diario pide la destitución del presidente, Jeff Sessions salió de su escondite para dejarnos saber que en Washington nadie le hará caso al entuerto plebiscitario. Y que de los $2.5 millones asignados a Puerto Rico en 2014 para la celebración de una consulta de status ni hablar porque la papeleta criolla no cumple ni con la Constitución ni con la política pública de los Estados Unidos.

Dejó dicho Sessions que sin el ELA territorial (o mejor dicho la colonia) en la papeleta no puede haber respaldo federal alguno al plebiscito. El entrelínea de Sessions es sumamente revelador. Y mientras los colonialistas dentro del PPD celebran y los estadistas dentro del PNP se hacen pasar por paladines indignados de la honra nacional, el pueblo merece conocer la verdad.

¿Y cuál es la verdad?

La verdad es que Washington no le va a conceder la estadidad a Puerto Rico, ni bajo Trump ni bajo Obama si aún estuviera en la Casa Blanca. Y que como allá entienden que el plebiscito de aquí está amañado a favor de la estadidad, han llegado al colmo de parapetarse detrás del desprestigiado ELA territorial con tal de detener una indeseable, impresentable e inminente petición de estadidad. Dicho de otra forma, la estadidad en Washington se acaba de quedar sin gasolina. Tan es así que ahora los sastres jurídicos de Trump (a pesar de su enfermiza xenofobia) con tal de detener la estadidad son los primeros en señalar, como lo hace el equipo de Sessions en su carta, que la ciudadanía americana de los puertorriqueños es irrevocable aún hoy bajo el ELA territorial y que no hace falta que Puerto Rico sea admitido a la Unión como estado para que la ciudadanía que ostentan los puertorriqueños goce de las garantías y protecciones que emanan de la Constitución federal.   

Los colonialistas del PPD, por su parte, se quedaron sin camino porque Sessions les metió el dedo en la llaga al afirmar, a través del subsecretario Boente, que el ELA mejorado (“enhanced Commonwealth”) dentro del esquema federal en unión permanente a los Estados Unidos es incompatible con la Constitución y la política pública de los Estados Unidos. Muertos de un mismo tiro el “enhanced Commonwealth” y la estadidad, ¿qué queda? Muy sencillo: la colonia a perpetuidad o la soberanía.

La carta de Justicia federal, más aún, es el recordatorio más reciente de que con el más de lo mismo nunca vamos a salir del encierro colonial. Mientras sigamos perdiendo el tiempo y el dinero del pueblo en plebiscitos criollos que no vinculan al Congreso y que, lejos de unir, lo dividen en lasmismas tribus tradicionales de siempre no iremos a ningún lado. El Congreso jamás le ha hecho caso a ningún embeleco criollo. Ni siquiera al primer plebiscito de 23 de julio de 1967, el cual argüiblemente contaba con el aval moral del Congreso y de la administración Johnson toda vez surgía del Informe de Status de 1966 que el propio Congreso a través de la Ley Aspinall había encomendado. Y, claro, lo que vino después nos acabó de hundir en el resbaladero en que estamos porque los plebiscitos ficticios de 1993, 1998 y 2012 lo único que hicieron fue crear un turbio lodazal ideológico que lejos de adelantar la causa descolonizadora lo que ha hecho es atrasarla aún más.

¿Y ahora qué? El gobernador debería de regresar a la mesa de negociación. Desechar el moribundo plebiscito y buscar el consenso entre todos los grupos ideológicos,  a la vez que traba en común acuerdo con ellos una estrategia política a través de la cual internacionalizar el sórdido caso colonial de Puerto Rico. Y el eje de tal estrategia debería girar en torno a la re-inserción de Puerto Rico en el listado de colonias de la ONU. En lugar de negociaciones entre ellos y nosotros, las negociaciones de cara al futuro deberán de ser entre Washington, por un lado, y Puerto Rico y la ONU, por el otro. Acabar con la asimetría de poder desde la triangulación del diálogo descolonizador constituye ingrediente imprescindible de nuestra agenda de futuro. Y para darle concreción a tal proceso, partiendo del reconocimiento de nuestro derecho inalienable a la libre determinación, se hace impostergable la convocatoria a la constituyente. Ahí los nuevos caminos, hacia los viejos objetivos --- en las palabras del vate de Trujillo Alto.

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