Elga del Valle La Luz

Punto de vista

Por Elga del Valle La Luz
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La mujer, lucha y desafíos

El 8 de marzo de 1857, un grupo de mujeres trabajadoras salieron a las calles de Nueva York a protestar por sus deplorables condiciones de trabajo y el mísero salario que recibían como compensación. Esa manifestación fue solo una muestra de la incesante lucha por la equidad y la justicia, en todas sus dimensiones, para la mujer en Estados Unidos. Una de las grandes victorias del movimiento feminista en Estados Unidos fue la aprobación de la decimonovena enmienda a la Constitución, ratificada en 1920. Esta validó el derecho de la mujer a ejercer el sufragio y cerró, al menos en cuanto a la lucha por el voto, un capítulo de la historia de la república norteamericana. En 1975, la Organización de las Naciones Unidas estableció el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer. 

En Puerto Rico, las luchas feministas datan de finales del siglo XIX, cuando mujeres como Ana Roqué de Duprey, precursora del movimiento sufragista y feminista social, y Luisa Capetillo, feminista radical, sufragista y líder del movimiento obrero, exigieron desde sendas tribunas los derechos al voto y la educación, mejores condiciones de trabajo, participación en la política y ser depositarias de los mismos derechos que los hombres. Otras extraordinarias mujeres de ambos sectores se destacaron en esta lucha.

Para 1920, y ante la exclusión de Puerto Rico de la decimonovena enmienda de la Constitución de los Estados Unidos, Roqué de Duprey exigía, junto a muchas mujeres valientes, el derecho al voto mediante el foro del Heraldo de la Mujer, periódico fundado por ella. Las mujeres que conformaron la Liga Femínea de Puerto Rico (1917), impulsaron la educación en torno a que ese derecho se otorgara a las mujeres mayores de edad y alfabetas, y el reconocimiento de la igualdad para la mujer. Las mujeres obreras, lideradas por Carmen Puentes y Genara Pagán, entre muchas otras, hacían lo propio desde la Asociación Feminista Popular de Mujeres Obreras de Puerto Rico (1919), siendo su consigna el sufragio universal y mejores condiciones de trabajo. 

La lucha por la justicia y equidad para la mujer, en Puerto Rico y el mundo, no ha cesado. Si tomamos en consideración datos provistos por el Departamento del Trabajo y Recursos Humanos en el informe más reciente de Participación de la Mujer en la Fuerza Laboral, publicado en mayo de 2019, podemos ver que la tasa de participación de la mujer (33.2%) es inferior a la de los hombres (48.9%). Por otro lado, en términos de los índices de desigualdad social y pobreza, vemos como en Puerto Rico la brecha se agudiza cuando las mujeres ejercen la jefatura familiar. Según información provista en 2019 por José Caraballo, del Centro de Información Censal de la Universidad de Puerto Rico en Cayey, el 77% de los menores que viven con su madre están bajo el nivel de pobreza. Por otro lado, unas semanas atrás, vimos como aún no es totalmente reconocido el principio constitucional de igual paga por igual trabajo, cuando la reportera y mujer ancla, Celimar Adames Casalduc demandaba a quien fuera su patrono por violentar ese derecho, además por otras instancias de discrimen. En cuanto a la violencia de género y la tasa de feminicidios, según datos del Proyecto Matria y Kilómetro Cero en el informe La persistencia de la indolencia: feminicidios en Puerto Rico 2014-2018, una mujer es asesinada cada siete días. 

En términos generales, el panorama no resulta alentador y, por tanto, la lucha seguirá. Conmemoramos el Día Internacional de la Mujer para recordar a la sociedad puertorriqueña que nos falta camino por recorrer, faltan puentes por tender y brechas por reducir, hasta desaparecerlas. Esa lucha no es exclusiva de las mujeres, es una lucha de hombres que entienden lo que es equidad, es la lucha por un pueblo que deje a un lado las preconcepciones establecidas que fomentan conductas de discrimen y odio hacia quien es, siente o piensa diferente, es una lucha que solo mediante la educación empática podemos lograr. Dijo Malala Yousafzai, Premio Nobel de la Paz, “teníamos dos opciones, estar calladas y morir o hablar y morir, y decidimos hablar”.

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