José M. Medina Montes

Tribuna Invitada

Por José M. Medina Montes
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La natalidad como solución en Puerto Rico

Recientemente se ha publicado la noticia de que en Alemania ha aumentado la natalidad por quinto año consecutivo, habiendo sido del 7% respecto al año anterior reportado. Según la Oficina Federal de Estadística alemana, este desarrollo se ha dado, sobre todo, gracias a que las mujeres en edades comprendidas entre 30 y 37 años tienen hijos con más frecuencia.

Esta situación alemana se ha empezado a denominar el “milagro demográfico alemán” al comparársele con el famoso milagro económico alemán que tuvo lugar tras la Segunda Guerra Mundial. Parte de este claro repunte ha sido la política gubernamental que, a lo largo de tres legislaturas, ha aumentado las ayudas a la natalidad y a la conciliación familiar.

Además del anterior dato que se sitúa en un nivel macro, leí también recientemente que una artista de cine española se refiere a que tener hijos “es el acto de generosidad máxima”. Se trata de Lucía Jiménez, que está casada con un actor. Son padres de tres hijos. Ha comentado que en su barrio la consideran una heroína, más que Wonder Woman, y se ha expresado así: “Cuando ves una familia numerosa siempre ves detrás mucho trabajo. Y, sobre todo, mucho amor. Yo vivo muy bien. Tenemos hijos porque queremos y la realidad es que siempre compensa”.

También afirma que sus conocidos les agradecen la contribución que están haciendo a las pensiones del mañana, y ella está encantada de contribuir: “Porque o tenemos hijos, o a ver qué va a pasar en la sociedad”.

Estas dos referencias, una en un marco más amplio y otra a nivel micro de una familia, nos pueden hacer caer una vez más en la cuenta de cómo la natalidad ofrece soluciones a diversos problemas que conocemos bien en Puerto Rico.

Por “definición”, la natalidad ayuda al aumento poblacional, con todas las ventajas que esto conlleva desde una perspectiva socioeconómica. También es una ventaja en relación con los problemas inherentes al futuro del Seguro Social. Y, por supuesto, llena de bullicio y alegría a la sociedad, ya que la juventud proyecta siempre esperanza hacia el futuro, asegurando que haya más cunas que canas; aunque las canas son también necesarias, pues en la “juventud acumulada” de las personas mayores hay también mucha sabiduría acumulada, que hay que valorar y aprovechar.

Por todo lo anterior, para que ocurra el “milagro demográfico puertorriqueño”, se necesita la cooperación de todos los sectores sociales: gobierno, familias, y entidades cívicas y empresariales. ¡Así es como se elabora un futuro prometedor!

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