Ismael Torres

Tribuna Invitada

Por Ismael Torres
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La naturaleza y el huracán María

Durante los preparativos para hacer frente al paso del potente huracán María, me he encontrado con agradables sorpresas que estaban guardadas en cajas.

La primera y más agradable fue encontrar lámparas y equipo de mi hijo Ismael Gerardo cuando fue boy scouts en la manada 1204 de la Escuela Josefita Monserrate de Sellés, en Río Piedras.

Con ese grupo compartimos momentos hermosos, casi todos en contacto directo con la naturaleza, una experiencia que ha sido fundamental en el desarrollo de Ismael Gerardo, en particular aquellas que vivimos en Boquerón, cuando se conmemoraron los cien años del escutismo en Puerto Rico.

En esa ocasión llegamos viernes por la noche, montamos caseta y organizamos el equipo y meriendas que llevábamos y luego fue la más hermosa locura que vivió mi hijo hasta entonces. Después de jugar con sus amigos hasta el cansancio, se fue a la caseta a eso de las 2:00 de la madrugada. Pero cuál fue la sorpresa para todos cuando a eso de las 5:00 de la madrugada la alcaldesa de Cabo Rojo  nos sorprendió con una diana, algo  nuevo para casi todos los niños convocados allí.

De ahí no hubo manera de que los niños volvieran a las casetas y a eso de las 6:00 de la mañana ya estábamos en la playa, metidos en el agua.

Otra experiencia fue el primer campamento en Guajataca, donde para sorpresa de ellos mismos se mojaron en la lluvia las veces que quisieron y qué decir de las veces que se metieron en el fango, se lavaban y se cambiaban de ropa y volvían nuevamente al fanco.

Luego en otra ocasión acampamos en la playa de Culebra y allí la experiencia fue igual de extraordinaria, pues entre otras cosas, Ismael Gerardo atrapó un pez, para sorpresa de él, que no salía del asombro y de sus padres que de inmediato de imaginaron que tenían allí a un futuro pescador.

De todos esos campamentos los niños aprendieron mucho, en particular a interactuar con la naturaleza, y de vivir de frente a ella, no de espaldas, quererla y protegerla.

Han sido esas experiencias infantiles y de los diálogos y compartir con su abuelo, un viejo profesor universitario de biología y un activista ambiental, con quien más se ha formado como una persona que ama la naturaleza y se siente triste y preocupado con los efectos del huracán María sobre la naturaleza.

Él sabe que luego del paso del huracán viene la limpieza  y la reconstrucción del país y con ello el ambiente.

Los sabios que han estudiado los fenómenos naturales sostienen que la naturaleza responde cuando se le trata bien y también cuando se le hace daño.

El paso del huracán María es una ocasión extraordinaria para volver a mirar a la naturaleza y estar más conscientes de su importancia para vivir. Y saber que Puerto Rico está en el Caribe y que es una ruta natural de huracanes.

En fin, es necesario saber que el planeta tierra es una cápsula en la que todos estamos y si la dañamos, nadie gana.

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