Carmen Dolores Hernández

Tribuna Invitada

Por Carmen Dolores Hernández
💬 0

La Navidad, la madre y su hijo

La Navidad es una actitud y una revelación. Pide una respuesta que va mucho más allá de los festejos ruidosos, de las luces y el jolgorio. Pide introspección. ¿Qué significa la imagen de una mujer y un niño, tantas veces repetida, tan presente en el gran arte, con ecos tiernos en los villancicos de la temporada? ¿No es la misma imagen del comienzo de la vida, de cualquier vida? ¿No apunta hacia el amor primero que nos nutre y fortalece, que nos acompaña en nuestra más fundamental debilidad y propicia nuestro gradual fortalecimiento? Imposible obviar esa imagen entrañable por universal, por originaria, por experimentada personalmente en la mayor parte de los casos, por anhelada en los otros.

Allí está, en la música alegre de los villancicos de Navidad, esa relación inigualable de una madre con su hijo: María se encamina, con su esposo, hacia Belén; la Virgen está a la espera del niño, que está muy cerca; los pastores van con alegría a ver al hijo de María; ella lo arrulla, lava pañales y -en un alegre villancico español- llega corriendo, al pedido de José, para sacar del pesebre a los gitanillos que quieren robarse los pañales. Y está también en las múltiples madonas –de Rafael, de Miguel Ángel, también de Campeche, al igual que en las ingenuas imágenes de los santos de palo- que nos ofrece la tradición de la gran pintura occidental y la no menos grande de la religiosidad popular.

Es un arquetipo, se dirá, una imagen extraída de la experiencia humana y elevada –por su universalidad- a una esencia ejemplar. Los arquetipos son eso: símbolos de actitudes repetidas y reconocibles a los que se adapta, en un círculo vital siempre renovado, el comportamiento humano.

¿Pero si los arquetipos humanos, las actitudes existenciales repetidas –la ternura materna, el origen añorado del amor- fueran a su vez, reflejos o sombras de otra realidad que sobrepasa al hombre y lo moldea a su semejanza? ¿Y si el amor de las madres por sus hijos –instinto, sí, pero también compromiso conscientemente asumido, dedicación deliberada- fuera espejo de un amor creador avasallador, capaz de hacer lo indecible por su criatura? ¿Y si pensáramos la Navidad en función de una historia (otra historia): la de la salvación del ser humano y su elevación hacia una proyección sobrehumana?

De todos los “misterios” del cristianismo, el nacimiento de Jesús es, aparentemente, el más sencillo, el más aprehensible gracias a las figuras que lo protagonizan: una madre y un hijo. El énfasis parece ser absolutamente antropocéntrico. Si adoptáramos otra perspectiva, sin embargo, si pensáramos, hasta donde nos es posible, desde un punto de vista teocéntrico, entonces el hecho central sería un amor avasallador que se acerca y se identifica con el objeto de ese amor para transformar sus condiciones. El dato central sería entonces el amor y no la forma que asume. Y, siguiendo el hilo de lo cronológico y secuencial, más accesible al pensamiento, ese hecho de amor culminaría años después en el sacrificio que completa el ciclo redentor: la transformación total de lo humano para que deje de ser eso solo –humano- y pueda acceder a una realidad superior, la divina. La cuna y la cruz están inextricablemente ligadas en esta secuencia. (Lo dice incluso un villancico de Pedro Flores, “La rosa blanca”: “El amor es vida/ el amor es cruz…”.) Se espejean mutuamente vida y muerte… y resurrección, en función del amor que guió la secuencia de los hechos. Se trata de una posibilidad que intuimos por la fe. Otro nacimiento –a la vida eterna- la Resurrección cierra y transforma el ciclo iniciado en Belén.

Por eso, por todo eso, podemos cantar, ahora y siempre: “¡Alegría, alegría, alegría!”.

Otras columnas de Carmen Dolores Hernández

martes, 2 de octubre de 2018

La administración de la cultura

La profesora Carmen Dolores Hernández argumenta sobre la adecuada administración de la cultura, los logros del ICP y la agenda inmediata del titular en funciones de esa agencia

miércoles, 29 de agosto de 2018

Nuestros vecindarios

La profesora Carmen Dolores Hernández argumenta sobre los vecindarios, sus cambios con el paso de las décadas, y su importancia como espacio de convivencia solidaria

💬Ver 0 comentarios