Luis O. Jiménez Rodríguez

Tribuna Invitada

Por Luis O. Jiménez Rodríguez
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La Navidad luego del huracán María

Para los cristianos la fiesta de Navidad es una de alegría y profunda esperanza que se resume en la gran noticia en boca del ángel: “hoy nos ha nacido un salvador, el mesías, el Señor”. Pero en esta ocasión nos ha tocado celebrar la Navidad luego del devastador huracán María. Por eso muchos se preguntarán ¿cómo se traduce esta buena noticia en una sociedad herida, con miedos, con espíritu de derrota y con un profundo sentimiento de abandono? Nuestros conciudadanos están sufriendo los estragos del huracán María en el plano emocional, económico, psicológico, y espiritual. Este fenómeno atmosférico ha entrado en la psiquis de nuestro pueblo y nos marcará por generaciones. El mismo nos ha hecho ver algo que hemos luchado por esconder (y no erradicar) durante tantos años: nuestras grandes desigualdades socio-económicas. Nos ha mostrado de golpe que en muchos renglones hemos optado por la mediocridad personal, social y política, algo que increíblemente hemos pretendido justificar por mucho tiempo.

Veamos que nos dice a nosotros el anuncio del nacimiento de Cristo según el Evangelio de Lucas, descrito tomando como base el capítulo 9 del libro de Isaías: “el pueblo caminaba en tinieblas”. Según Lucas es en medio de esa oscuridad, en medio del desastre nacional del pueblo de Israel que resplandece una luz. El relato del nacimiento de Jesús está lleno de muchos simbolismos que iluminan nuestro espíritu. Uno de estos es la figura de los pastores que estando a la intemperie en una noche oscura, en estado de vigilia, rodeados por un pueblo dormido, son sorprendidos con una noticia inesperada. Esos pastores, tenidos por menos en su entorno socio-económico debido a su pobreza, reciben el anuncio que se convierte en fuente de júbilo y de sentido para sus vidas.

En este relato se nota un triple movimiento. En primer lugar, los pastores acogieron la gran noticia de que había nacido el salvador, el mesías y el Señor. Ellos creyeron confiadamente esa noticia sin entender todo su alcance.  Luego, los pastores salieron en búsqueda del signo de presencia y confirmación de ese gran don: un niño acostado en el pesebre en medio de la oscuridad, en medio también de carencias.

En Puerto Rico, durante esta Navidad, algunas personas seguirán experimentando un estado de pérdida muy dolorosa, un estado de confusión catatónica, de desequilibrio emocional y espiritual que no les permite a ver una salida a su situación. Otros estarán haciendo cálculos de cómo aprovechar para su beneficio la situación después del huracán María. Pero, algunas personas estarán en estado de vigilia y de búsqueda. Estos motivados por la esperanza saldrán al encuentro de la luz inspiradora del pesebre. Ese encuentro los hará participar de la misma alegría de Dios que los sacará de su estado de abatimiento y de bloqueo emocional.

Para nosotros los creyentes, estas tres acciones (acogida, creencia confiada y búsqueda) son esenciales para celebrar la Navidad. Necesitamos acoger agradecidamente el anuncio de que Dios se ha hecho totalmente presente, se ha hecho pobre y frágil en medio de nuestra pobreza. Si creemos confiadamente que nos ha nacido un salvador, el mesías y el Señor en medio de nuestra indigencia de pueblo, eso transformará nuestra lectura de la realidad y nos lanzará en su búsqueda. Y esa búsqueda con anhelo nos sacará del espíritu malsano de derrota, de que “nada puede cambiar” y nos lanzará al encuentro con los demás, a la construcción personal y social junto a otros que muy bien pueden pensar distinto. Nos llevará a algo muy difícil de lograr debido a nuestra fragmentación personal y social, pero que tanto necesitamos: escucharnos y comenzar a soñar juntos en medio de nuestra diversidad que otro Puerto Rico es posible.

Finalmente, si acogemos la gran noticia, si la creemos y nos lanzamos en su búsqueda, seremos como esos pastores que salieron de esa experiencia del pesebre tan consolados que volvieron a su campo de trabajo, en medio de sus carencias, con el corazón tan inundado de luz que ya no estaban paralizados por el miedo ni por la frustración. Era la esperanza la que los ponía en estado de gratitud activa, constructiva y en marcha.

Al igual que a los pastores, en esta Navidad se nos proclama la gran noticia en medio de las sombras políticas, de desigualdades económicas y sociales de nuestro pueblo: pueblo confundido que ya no sabe que acoger, pueblo cansado que teme lanzarse a nuevas búsquedas, pueblo tentado al “sálvese quien pueda”. Pueblo que ha vivido tantos falsos salvadores y pueblo traumatizado. Pero, también pueblo con un gran corazón y con vocación a ponerse de pie, en marcha, y en estado de construcción desde la verdadera justicia y la paz.

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