Benigno Trigo

Tribuna Invitada

Por Benigno Trigo
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La nenitud puertorriqueña

Acabo de terminar de leer la primera novela de Tere Dávila, “Nenísimas”. La novela ganó el premio nacional de literatura del Instituto de Cultura Puertorriqueña de 2016. El ICP la publicó en 2017. Este pasado 6 de abril, Dávila ganó el premio “Nuevas Voces” en el Festival de la Palabra 2018.

La novela es como un “buddy film” con un twist que parece salir de “Fifty Shades of Gray”. Como si Thelma y Louise conocieran al Marqués de Sade. La narradora es Adriana, una mujer puertorriqueña, casada, con un hijo. Adriana cuenta una serie de aventuras que ella y su mejor amiga, Cine (soltera y sin hijos), tienen con su “Amito blanco”, Julián, un depredador que hace negocios en el mundo del arte. La novela pasa del presente en Puerto Rico, a los años universitarios en Nueva York, a la adolescencia de las amigas. Al final, se rompe el triángulo y la amistad.

En una entrevista, Dávila explica el título de la novela: “Trata de el no querer crecer. El aferrarse a un tipo de infancia hedonística. Por eso se llama ‘Nenísimas’”, dice. En un momento clave de la novela el esposo de Adriana le gana a su hijo una partida de ajedrez, y cuando Adriana le pide a su esposo que lo deje ganar, él le pregunta “¿Qué quieres… que lo críe como una nena?” La frase lleva a Adriana a pensar que ser “nena” en nuestra cultura es una condición que la mujer tiene que alargar para sobrevivir el juego social. Dávila sugiere que las aventuras de Adriana y Cine son formas de sobrevivir esa expectativa de “nenitud” que lleva a un vacío interior que la narradora siente, y que tiene que llenar a toda costa. “¿No es la mujer más atractiva cuando ‘parece una nena’?”, se pregunta Adriana. El papel de “la nena” es una forma de llenar ese vacío que nuestra cultura ha creado en ella.

La novela me hizo pensar en el hecho que en mi familia somos tres varones y una hembra. Durante mi infancia y adolescencia, los hijos teníamos apodos basados en nuestros nombres, pero mi hermana tenía el apodo “la nena”. También me recordó que aún después de salir de la casa de mis padres, se me hizo muy difícil dejar de llamarla así. Todavía hoy a veces se me escapa. Especialmente en situaciones de mucha tensión familiar. Pero ella nunca me ha dicho que le moleste que la llame así.

Si uno piensa en la “nenitud” como una expectativa puertorriqueña social, cultural y familiar, como un estereotipo que se suma al de la madre sacrificada, y al de la esposa abnegada, los personajes de “Nenísima” (Adriana y Cine) llevan el estereotipo de la “nena” a un extremo que está a tono con los excesos del momento que les tocó vivir. “Nena o muerte”, es la frase lapidaria de Adriana. Al final las amigas se someten, pero también toman ventaja del estereotipo para llegar al jaque mate.

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