Bárbara I. Abadía-Rexach
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La niñez criminalizada

En 2012, se denunció que Domingo Leduc del Valle, director de la escuela Modesto Rivera Rivera, de Carolina, discriminaba contra estudiantes de educación especial. En 2013, madres y padres señalaron que el patrón de discrimen continuaba. En 2017, el nombre del también excandidato a la alcaldía de Carolina por el PNP, Leduc del Valle, vuelve a emerger, pues continúa como director de la escuela a la que asistía Alma Yariela Cruz Cruz. Al inicio del pasado semestre escolar, Leduc le indicó a Yomaira Cruz, madre de Alma, que la niña no podía regresar al aula.

Luego de ser víctima de un patrón de acoso por parte de otras dos niñas, Alma reaccionó. Por su parte, las autoridades escolares reaccionaron expulsándola de la escuela; la justicia, arrestándola. Si bien el caso de Alma desconcierta, pues, la criminalización de la niñez asusta, no choca que una niña, que el pasado 5 de junio cumplió 12 años, sufra acoso escolar. No sorprende que una niña negra sea víctima de hostigamiento racial. Que unas niñas acosen y hostiguen racialmente a otra niña y que un menor de edad cargue un mono de peluche bautizado con el nombre del basquetbolista Jeleel Akindele, convalida la existencia deplorable del racismo anti Negritud —aprendido, sistemático e institucionalizado— que impera en el país.

Hace una semana, Alma llegó al Tribunal de Carolina. Allí, la esperaba un grupo diverso de personas luciendo camisetas de su color favorito: violeta. La expresión de sorpresa que reflejaba el rostro de Alma —reía y lloraba— emocionó. Al ritmo de bomba, Alma recibió abrazos y una muñeca negra. Alma no soltó a su “Mía Libertad”. Ojalá y esa sea la estampa que prevalezca en la mente de Alma. Alma, amante de la comida criolla y de las pastas, es una niña tímida, pero disfruta estar a la moda, bailar, jugar voleibol y correr bicicleta con sus amiguitas/os. Alma escucha música, pinta, crea y comparte todo con su hermanita de 10 años, Alanys. Su madre la describe como una niña servicial, atenta y cooperadora.

Que a las niñas y a los niños no se les criminalice ni se les arreste ni se les haga pasar por experiencias traumáticas. No se puede sitiar a la niñez. Si los sistemas de esta isla operan en detrimento de la niñez, que no se diga que Puerto Rico es un pueblo desalmado.

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