Nastashia A. Rivera

Tribuna Invitada

Por Nastashia A. Rivera
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La “normalización” de Puerto Rico

Luego del paso del huracán María por la Isla los titulares noticiosos de los principales  medios televisivos del país se enmarcan con frases alentadoras como: “Puerto Rico se levanta” y “Puerto Rico en pie”, que se han convertido en el pie forzado para el desarrollo de otras frases igualmente creativas, como: “Juntos nos ponemos de pie”, “Todos unidos nos levantamos”, “Caminando juntos levantaremos a Puerto Rico”, entre otros eslóganes que forman parte de un juego de palabras que intenta sin lugar a dudas contagiar de optimismo al país ante su situación actual; estar desprovisto de los servicios esenciales.

Tanto derroche de optimismo resulta siempre sospechoso. Debo confesar, que el bombardeo mediático solo me ha levantado grandes cuestionamientos. Se argumenta públicamente lo que los medios han establecido como lo importante para dar paso a la llamada “normalización” en la Isla, lo que quiera que signifique eso en este país. Para algunos, nos vamos levantando ante el aumento porcentual de los datos estadísticos compartidos en las conferencias de prensa del Gobernador Rosselló. Aun el “avance” sea un por ciento, es celebrado desbocadamente, desalentando el cuestionamiento crítico a las “acciones” del gobierno junto al escuadrón federal. 

Y entre tanto optimismo se diluyen los temas que debemos comenzar a problematizar. ¿Ponernos de pie, levantarnos, solo se limita a alcanzar la supuesta “normalización” del país, así sea con medidas temporales que no van a la raíz del problema? Hay aspectos subyacentes a lo visible, a lo inmediato; desde leyes, reglamentos y planes que necesitan ser revisados, enmendados y en muchos de los casos eliminados.

Tenemos que comenzar a exigir posturas y acciones a los responsables de muchos de los daños ocasionados para así poder erigir las bases que guíen nuestra transformación acorde con los preceptos del desarrollo sostenible y el cambio climático, para ponernos de pie, al igual que un sin número de países donde sus políticas públicas económicas no perjudican el medio ambiente. Los daños magnificados por factores antropogénicos no deben ser ignorados. Debemos asumir lo sucedido, dejar a un lado el discurso del “desastre natural” de mayor intensidad en la Isla y comenzar a actuar en respuesta al desastre social, destapado para muchos con el paso del huracán María.

Levantémonos en contra de:

los proyectos de canalización que prometen controlar las inundaciones y que se han demostrado ser medidas estructurales falibles, representando graves problemas de seguridad. Aprovechemos esta oportunidad para desarrollar una nueva cultura del agua, vamos a devolverle el espacio a las corrientes hidrográficas, no podemos continuar tapándolas, dándole la espalda.

los proyectos que violan la zona marítimo terrestre y exponen a las personas a la marejada ciclónica. Hay que contemplar la posibilidad de expropiación a los residentes afectados.

la extensión de la PR-22 que perjudicaría los abastos de agua más grandes en la región kárstica y expondría a los que la transiten a serios problemas de seguridad por la permeabilidad de la roca caliza, situación ya existente en la PR-10, de Ponce a Arecibo.

la siembra de árboles ornamentales, como el árbol Melaleuca, que afecta entre otras cosas, los abastos de agua. Reforestemos con árboles nativos, de forma organizada y con el mantenimiento requerido.

Pongámonos de pie contra todas estas medidas del pasado.  Que la urgencia por la reconstrucción no nos haga cometer los mismos errores. Que los vientos huracanados no solo se hayan llevado las estructuras y la vegetación, sino también las ideas ortodoxas que han delineado por los pasados años la “organización” del territorio puertorriqueño y que por consiguiente han repercutido en daños significativos a la vida, al ambiente y a la propiedad.

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