Esteban Pagán Rivera

Prórroga

Por Esteban Pagán Rivera
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La nueva realidad de los equipos nacionales de Puerto Rico

Previo a la celebración del Americup de baloncesto femenino en Puerto Rico la pasada semana, la capitana de la Selección Nacional, Pamela Rosado, le dijo al colega Jorge Figueroa Loza que le estaba enseñando a la mayoría de sus compañeras a cantar La Borinqueña.

En la Selección que compitió en el torneo continental, nueve de las 12 jugadoras fueron criadas y desarrolladas en el exterior, por lo que toda comunicación dentro de la plantilla era en inglés.

Rosado dijo que le gustaría tener más jugadoras locales, sin menospreciar el esfuerzo y el empeño que le ponen las canasteras nacidas en Estados Unidos.

Este es un patrón que se repite en muchos de los equipos nacionales del país, y que se seguirá viendo. Todo responde a una nueva realidad social: la mayoría de los puertorriqueños viven fuera de la isla.

Según un análisis publicado por el Pew Research Center en el pasado mes de septiembre, en el 2017 habían 5.6 millones personas de origen puertorriqueño residiendo en Estados Unidos.

Esos 5.6 millones son elegibles para representar a Puerto Rico en el deporte internacional. Y residiendo en Estados Unidos, muchos de ellos están expuestos a mejores instalaciones deportivas y torneos de categorías menores con un nivel de competencia más alto.

Puerto Rico se ha aprovechado de esos boricuas en Estados Unidos desde hace décadas, como magistralmente presentó el documental Nuyorican Basket del 2017, filme sobre la Selección Nacional de baloncesto masculino de 1979.

Hoy día, uno de los casos más marcados es el de la Selección Nacional de sóftbol femenino, cuya mayoría de la plantilla son jugadoras de segunda y tercera generación. Y ese equipo es una de las mejores representaciones que tenemos a nivel internacional, ocupando el cuarto lugar en el ranking mundial.

Hasta nuestro equipo nacional en el pasado Clásico Mundial de béisbol —que sí era formado por una mayoría de peloteros desarrollados aquí— aprovechó a esos boricuas de Estados Unidos con la inclusión de jugadores como Seth Lugo y T.J. Rivera.

Así que, más que ver ese inglés en las selecciones nacionales como algo que hay   que erradicar, toca aceptar la nueva realidad de Puerto Rico y darle la misma oportunidad a los que se criaron fuera de nuestras fronteras. Eso sí, quizás no está de más incluir una sesión para cantar La Borinqueña en las prácticas.

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