Norma J. Dávila Torres

Punto de vista

Por Norma J. Dávila Torres
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La pandemia destapa serias deficiencias tecnológicas entre los jóvenes

Muchos aseguran que los llamados “millennials” y la generación Z son nativos digitales, con un excelente dominio de la tecnología. Cuando se les observa navegar entre redes sociales, canales digitales y juegos electrónicos, no cabe duda de que poseen destrezas superiores a las de muchos — por no decir todos — los adultos. Sin embargo, esa percepción nos puede inducir a error

Soy profesora universitaria hace 20 años y, al igual que muchos colegas que comparten estas mismas impresiones, he notado que la gran mayoría de los jóvenes llega a la universidad sin el dominio adecuado de la tecnología para triunfar académica y profesionalmente. Aun cuando son expertos en el uso de redes, canales sociales y de entretenimiento, vemos cómo demasiados desconocen de la existencia y el uso efectivo de plataformas y aplicaciones como Excel, Word, Power Point, etc.

Esa deficiencia tecnológica en los jóvenes se ha hecho evidente durante la actual pandemia del COVID-19, cuando los distintos sistemas educativos han tenido que migrar de salones físicos a aulas virtuales en plataformas como Blackboard, Moodle, Canvas, Edmodo, Schoology, etc. Aunque son bastante fáciles de manejar, a muchos estudiantes les resulta cuesta arriba trabajar con ellas. Algunos ya se han dado de baja de sus clases o consideran hacerlo, una tendencia que debe observarse de cerca para evitar la deserción. El problema no es solo el choque de tener que tomar clases a través de una pantalla en vez de en un salón, también les hace falta la interacción física. 

Este fenómeno también ha sido observado por otros colegas, y no parece haber diferencia entre estudiantes procedentes de escuelas públicas o privadas, de zonas más o menos urbanas. De hecho, familias cercanas encabezadas por profesionales cuyos hijos estudian en escuelas y colegios privados, incluso en Estados Unidos, confirman que el mismo tipo de deficiencia tecnológica descrita ha salido a relucir en este período de confinamiento social. Es un asunto que merece ser analizado y atendido.

Ante semejante panorama, aun cuando parezca que después de la pandemia del coronavirus la educación virtual pudiera ser equiparada con la presencial, hay que tener cuidado. La experiencia en las aulas — físicas y virtuales — me demuestra que la necesidad del contacto humano en el plano físico es esencial para nuestros jóvenes. Pese a que les encante el mundo virtual, no todos disfrutan por igual de la educación “online”. Con la edad eso puede cambiar, la visión varía, se tiene más madurez, más compromisos y, en su mayoría, más conocimientos tecnológicos que les hacen el proceso más llevadero, pero en edades más tempranas no necesariamente es así. 

Las autoridades gubernamentales y las instituciones educativas tienen que hacer su parte para atemperar su infraestructura tecnológica a la nueva realidad de esta sociedad del Siglo 21 poscoronavirus. Pero, a todos nos toca la tarea de aprovechar el talento de nuestros niños y jóvenes en materia virtual — como la producción de contenido que luego publican en Tik Tok, Instagram, Facebook, Twitter y otras — para guiarlos en el uso adecuado de plataformas y programas más utilizados en la academia y en el mundo laboral. Al mismo tiempo, procuremos cultivar sus destrezas sociales y preparar el camino para su reinserción al mundo de la interacción académica presencial. Si logran hacer un mejor balance entre ambas realidades, definitivamente estarán mejor preparados para el mundo después de la cuarentena y del coronavirus.

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