Antonio Quiñones Calderón

Punto de vista

Por Antonio Quiñones Calderón
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La partidocracia llegó para quedarse

Se escucha y se lee cómo hay quienes insisten con tanta frecuencia en su presagio alrededor del “colapso”, el “declive” y hasta la “desaparición” de la llamada partidocracia, es decir la caída de la institución de los partidos políticos como el mecanismo idóneo que es para la conformación de gobiernos. Institución que, por lo demás, llegó hace tanto tiempo como recuerdos de la historia política puertorriqueña tengamos, y que llegó para quedarse. Los análisis agoreros de quienes insisten en desmerecer la llamada partidocracia han aumentado últimamente, cara a los comicios de 11/20, precisamente (e irónicamente) justo en momentos en que los puertorriqueños tendrán, hasta ahora, al menos cinco partidos, uno más que los cuatro en competencia en 2016 y dos más que los históricos tres de larga data. El sentir agorero contra los partidos políticos parece centrarse en bastante medida en una lectura equivocada del llamado “verano de 2019”. La irrupción del pueblo entonces no tuvo nada que ver –y no sé cómo algunos no acaban de entenderlo– con una desazón por parte de la mayoría –desde luego que hay quienes, como una cuestión personal ideológica rechazan el voto en las urnas mediante los partidos– con los partidos políticos, ni siquiera con la formación política a que pertenecía el gobernador derrocado civilmente. El “verano de 2019” fue un claro rechazo a la inaceptable ofensa que la cúpula del gobierno en funciones asestó contra la dignidad de todos los puertorriqueños en lo que pareció un ejercicio de entender la honrosa gestión de gobierno como juego de niños. No tuvo absolutamente nada que ver con un rechazo a la llamada partidocracia.

Contrario a la pronosticada “desaparición”, veo un auge en el fervor del partidismo político, inclusive por parte de quienes tan reciente como en la elección general de 2016 evidenciaban el mismo fervor atacando el partidismo al que ahora se abrazan. Tomemos por caso el ardor que exhibe la licenciada Alexandra Lúgaro por la institución del partidismo político en este ciclo electoral. Es tan vibrante, si no más, que el que postulaba como bandera de batalla cuando buscaba votos “fuera de los partidos”, como pregonaba, para su candidatura independiente a la gobernación en 2016. Con 175,831 votos, la licenciada Lúgaro se convirtió en la tercera preferencia del electorado, inclusive obteniendo 142,102 más que los que alcanzó la licenciada María de Lourdes Santiago bajo el símbolo del Partido Independentista Puertorriqueño. Lo lógico era pensar que la licenciada Lúgaro regresara en este ciclo electoral a la caza de votos como una candidata probada, fuera de los partidos políticos que con tanta vehemencia repudió la vez anterior. En lugar de ello, ahora ha abjurado de la “sabiduría de los puertorriqueños que no tienen fe en los partidos políticos”, montando una plataforma debidamente estructurada para promover su segundo intento por lograr la gobernación. No sólo prefiere ella la institución del partidismo con su Movimiento Victoria Ciudadana, sino que, ha dicho, si no es la opción favorecida en 11/20, buscará mejor suerte en 2024 y hasta en 2028.

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