Jorge R. Roig

Punto de Vista

Por Jorge R. Roig
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La patria andando de noche sola

¿Dignidad y valentía? Esas cualidades en el nuevo gobernador no nos duraron ni un corto fin de semana. Sea legítimo en derecho o no (y el Tribunal Supremo nos dirá), la legitimidad política de su mandato la echó por la borda. Su promesa de renuncia se hizo sal y agua, al igual que su credibilidad ante el pueblo.

El Senado, por su parte, se nos encogió una vez más, agachados casi todos detrás de un presidente que se ha escondido a su vez en cuanta excusa y recoveco para conseguir que otros le hagan el trabajo sucio. Solo la Cámara tuvo el valor de ponerse en récord, tanto al comenzar los procesos de residenciamiento contra el otrora gobernador, como al votar por lista en cuanto al nuevo. 

¿Los partidos políticos? ¿Por dónde empezar? El PNP, en purga canibalística; el PPD, gallinas sin cabeza; el PIP, hablando solo en una esquina. ¿La patria? Andando de noche sola.

Hace no más de dos semanas, este pueblo indómito tomó las riendas y actuó sin intermediarios. Siguiendo el liderazgo colectivo de nuestras jóvenes, y de muchos también no tan jóvenes, puertorriqueños de toda estirpe, se unieron en un reclamo de justicia y dignidad. Desde Orocovis hasta Rincón, desde Fajardo hasta Juana Díaz, desde Los Ángeles hasta Noruega, desde Barcelona hasta DC; Puerto Rico al unísono, estridente en su armonía.

De allá para acá, observen bien lo que ha pasado. Los pocos se nos vuelven a encaramar encima. “Los mismos de siempre”, los que llevan décadas al mando del país sin abrir espacios para las nuevas generaciones, se han dado a la tarea de dividirnos. En La Fortaleza y en el Capitolio, en la academia y en la Milla de Oro, en todas las esquinas del poder, los que lo ostentan se han entregado a personalismos, a falacias lógicas y papagayos, a eslóganes y pichicaches. Todos quieren estar bien con dios y con el diablo, sin importar la consistencia, la credibilidad, el estudio sosegado, la discusión razonable. Así pretenden acallar las voces de los que “somos más y no tenemos miedo”.

Lector, si te sientes asediado, recuerda que no estás solo. Recuerda las caras lindas de ese maremoto de boricuas que se tiró a las calles con sed de un Puerto Rico de ensueño, sin na, pero sin quebrantos. Si sientes que el cielo se te viene encima, recuerda la sabiduría de don Ernesto Ramos Antonini: “Los rayos no caen en los batatales. Los rayos caen en las palmas, caen en las torres”. Este pueblo puertorriqueño del verano de 2019 es una torre. Reventarán los rayos en su espalda, como el látigo del mayoral de antaño, pero resurgirá más colorido e imponente que nunca, como los flamboyanes que este verano eflorescente copan cada esquina de nuestra tierra.

Dejemos en el pasado todos los chovinismos, los esencialismos, los prejuicios. Todos. Esta patria no es de unos y no de otros. No tiene dueño. No está cautiva. No es triste. No es indefensa. Aunque siga andando de noche sola.

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