José Humberto Rivera Madera

Tribuna Invitada

Por José Humberto Rivera Madera
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La pelea insensata que zurra al pueblo

Los que hemos estado en campañas políticas o envueltos en el análisis de lo que sucede día a día en el desarrollo político del país, tenemos a veces una cierta tendencia a esbozar unas teorías de conspiración que en ocasiones luego de un análisis más profundo, terminan siendo descartadas. Es necesario tener todas las piezas juntas para armar una opinión coherente sobre un tema en específico y no ceder a la tentación de la especulación.  Sin embargo, hay eventos y fuegos cruzados sobre temas importantes que nos dejan un rastro innegable sobre donde está parado cada quien en ciertos temas y porque lo hacen.  Basta con ver y analizar rápidamente los más recientes sucesos dentro y fuera de Puerto Rico para que cualquier persona pueda darse cuenta de lo obvio: El PNP está en una guerra interna.

La luna de miel reflejada en la campaña de Rosselló y Jenniffer y durante los primeros 10 meses de su administración ha llegado a su fin. Los paladines de la igualdad y la estadidad en esta parte del hemisferio, tienen hoy una disputa de poder y comienzan a alinear gente tras de sí para prepararse ante la eventualidad de cualquier ataque o intentona de usurpación de sus dominios. Empiezan a medir fuerzas y a lanzar frases entre líneas para que cada bando vaya entendiendo que no va a ser fácil la pelea. El tema principal de este enfrentamiento es el triste e inútil argumento de quien es más estadista que quien.  Se discuten el puesto de quien es más servil a los intereses de los Estados Unidos y quien se presenta como el caudillo de espíritu estadista inquebrantable.

El cuatrienio de Rosselló comenzó mal. Su inexperiencia en asuntos de gobierno y administrativos lo llevaron a aplicar leyes antipáticas y abusivas en el tema laboral afectando el bolsillo y la estabilidad económica de muchos puertorriqueños. La Reforma Laboral y el Empleador Único sentaron las bases para lo que iba a ser un cuatrienio de cambios y reformas contra la clase media y trabajadora. Poco a poco y desde la comodidad del exilio político en Washington, Jenniffer hacía poco o ningún comentario apoyando estas reformas. Se mantenía callada o solo repitiendo frases de políticos que no asumen posiciones y quieren estar bien con todo el mundo a la misma vez. Dejaba claro que esa no era su pelea y seguía hablando de crear crisis en el congreso y en la necesidad de la asimilación. Fueron meses de una tensión amigable que no parecía crecer mucho y que era hasta natural en el ambiente político, pero no contaban con que en septiembre 20 de 2017 un huracán de nombre María azotara destructivamente al país y dejara visto a flor de piel la profunda crisis de división y oportunismo que siempre ha habitado en las entrañas del PNP.

El manejo de la crisis durante y después del huracán de parte del gobierno Rosselló fue deficiente, lento y lleno de errores que le costaron no solo mucho dinero a Puerto Rico, sino toda la credibilidad de su gobierno en Washington. El contrato de Whitefish y la negativa de contratar con la APPA tuvo como resultado una devastadora crisis energética que hasta el día de hoy afecta terriblemente la economía y la estabilidad social del país. Paulatinamente, en Washington, Jenniffer se proyectaba como la voz cuerda del gobierno haciendo comentarios en contra del contrato de Whitefish y la necesidad de transparencia en las contrataciones. Hablaba de cuánto dinero había logrado destinar a Puerto Rico y de que era inaceptable el caos en el sistema eléctrico del país. Trazaba una raya en el piso entre ella y Rosselló. Como si esto fuera poco, nos atacó el tema de la Reforma Contributiva Federal y fue allí donde todo colapso finalmente.  Jennifer defendía en Washington la inclusión de Puerto Rico en la Reforma y pedía en conferencia de prensa junto a los presidentes del Senado y Cámara de Puerto Rico que fuéramos declarados jurisdicción doméstica a efectos de adentrarnos totalmente en el aparato contributivo federal. Para satisfacer los corazones y conciencias estadistas de rollo que votan en primarias, hablaba de la oportunidad de la asimilación a costa de la pérdida de 250,000 empleos, pagar contribuciones federales y entregar nuestras ventajas contributivas para mantener corporaciones.

En fin, se ponía la capa azul de heroína estadista y se distanciaba totalmente de la postura del gobierno de Puerto Rico. Rosselló por su parte, logró hacer alianzas con el Partido Popular y la empresa privada para ir a Washington a pedir la exclusión total de Puerto Rico de la Reforma Contributiva Federal para proteger los empleos de miles de puertorriqueños. Hizo una conferencia de prensa junto a los Alcaldes para anunciar su postura. En el Partido Popular entendimos que lo más importantes era defender los empleos y la estabilidad económica de Puerto Rico y nos hicimos eco de esa petición del Gobernador enviando una delegación encabezada por el Presidente Héctor Ferrer a hacer gestiones a nombre del pueblo puertorriqueño, pero con la distinción de que estábamos juntos, pero no revueltos, que el tema del status no podía ser la motivación principal de la agenda. Ya la pelea estaba expuesta, por un lado andaba Jenniffer con los presidentes de los cuerpos legislativo y por el otro Rosselló y los alcaldes.

Luego de una conferencia de prensa en la sede del PNP donde parecía todo el mundo estar de acuerdo en una cosa, resultó ser que Jenniffer solo fue allí a jugar para las gradas y apareció en Washington a los dos días diciendo otra cosa. Volvió con el tema de la estadidad a toda costa y arrinconaba de nuevo a Rosselló luego de que no se incluyera ninguna enmienda favorable a Puerto Rico en la versión final del proyecto que va a votación. El doble discurso del PNP en Washington nos pasaba factura. Ella se vestía de Republicana y se mostraba contenta con el logro de su partido mientras Rosselló pagaba un nuevo arancel por su inexperiencia política. Ya es innegable que Jenniffer, que a todas luces es la candidata de los Republicanos, de Johnny Méndez y hasta de la Junta de Control Fiscal, va tras el liderato del PNP.

Por otra parte, y en una pequeña esquina, aparece otro jugador que parece ser de menor importancia, el Presidente del Senado. Thomas Rivera Shatz, que siempre quiere, pero no se atreve a aspirar a algo más, acaba de dejar sobre la mesa sin aprobación un proyecto para crear un Fondo de Recuperación de $100 millones propuesto por el Gobernador para cubrir la pérdida de ingresos, gastos y daños que sufrieron los municipios luego del huracán. La razón para la no aprobación: que el Senado quería repartir el bizcocho dejándole saber al ejecutivo que no confía en ellos manejando el dinero. En fin, es todo el mundo contra Rosselló.

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