Liza Gallardo Martín

Tribuna Invitada

Por Liza Gallardo Martín
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La pena de muerte y la discriminación

El terrible asesinato de una mujer puertorriqueña en el estado de la Florida, perpetrado presuntamente por otros tres boricuas, con razón, consternó a la comunidad, tanto en Puerto Rico como en la diáspora.

La información pública que ha trascendido arroja varios ángulos que llaman la atención y deben ser motivo de análisis. Uno de los más comentados es la discusión sobre la aplicación de la pena de muerte contra las personas acusadas ante los agravantes que rodean el caso. Y otro menos visible, pero que está presente es el discrimen por raza en los Estados Unidos.

En el caso de la pena de muerte entendemos las pasiones que pueda levantar este deplorable suceso y el deseo de impartir un castigo tan fuerte como el mismo crimen. Creemos en la justicia para la víctima del delito y sus familiares, por lo que no apoyamos la impunidad. Sin embargo, la justicia no debe traducirse en un ejercicio de venganza por parte del Estado.

Amnistía Internacional se reafirma en su oposición a la pena de muerte bajo cualquier circunstancia. Es un castigo cruel e inhumano, y no hay estudio alguno que demuestre su efectividad para combatir el crimen.

El racismo y el discrimen es otro tema que sale a relucir con este caso. En momentos en que el estado de la Florida es la casa temporera y permanente de miles de puertorriqueños, el temor al prejuicio y discrimen de la comunidad por este tipo de actuaciones incrementan aún más las reacciones en todas las direcciones. Sin embargo, la misma discriminación que existe en el sistema judicial estadounidense aumenta la probabilidad que de que se condene a grupos minoritarios por razón de raza, etnia o de religión.

Por años, Amnistía Internacional ha denunciado el constante papel de la raza en los casos de pena capital en este país. Según datos del Centro de Información sobre la Pena de Muerte desde el 1976 hasta agosto de 2017, en todo Estados Unidos se le ha aplicado la pena de muerte a 20 blancos por matar a afroamericanos y 288 afroamericanos por matar a blancos. La aplicabilidad de la pena de muerte en los Estados Unidos y otras partes del mundo sigue siendo un acto de injusticia tanto social como racial.

Abrir la puerta a que se siga impulsando la pena de muerte en un país con un nefasto historial de sesgo racial en el sistema de justicia es estar del lado incorrecto de la historia.

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