Benjamín Torres Gotay

LAS COSAS POR SU NOMBRE

Por Benjamín Torres Gotay
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La perfecta excusa para no actuar

El diario estadounidense The New York Times tenía ayer en la tarde un titular que leía: '23% de puertorriqueños vota en referéndum, el 97% de ellos por la estadidad'.

La historia empezaba así: “con escuelas clausuradas, las pensiones en riesgo y la isla bajo la autoridad de una junta de supervisión con sede en la Ciudad de Nueva York, medio millón de puertorriqueños votó abrumadoramente a favor de convertirse en el estado 51 de Estados Unidos, en una elección defectuosa en la que la mayoría de los electores no participó”.

The Wall Street Journal, mientras tanto, reportaba la consulta de con este subtítulo: “participación de cerca del 23% de los electores refleja el éxito del esfuerzo de boicot encabezado por los opositores”.

El titular de NBC News, mientras tanto, decía: “en medio de histórica baja participación, los puertorriqueños votan por la estadidad”.

Los tres titulares, de medios muy influyentes, haciendo énfasis todos en la baja participación que tuvo la consulta de ayer, reflejan la manera en que trascendió fuera de aquí el evento y acentúan los desafíos que enfrentarán el gobernador Ricardo Rosselló y su Partido Nuevo Progresista (PNP) para convencer a un Congreso muy escéptico sobre Puerto Rico de que aquí hubo un proceso legítimo de autodeterminación y que procede echar a andar la admisión de la isla como estado de Estados Unidos.

En la elección participó menos de una cuarta parte de los electores hábiles. Puede argumentarse que muchos son parte de la histórica ola de emigración que ha sacado de Puerto Rico a cientos de miles durante los últimos diez años.

Puede argumentarse que el registro electoral está inflado. Ambas son interpretaciones válidas. Pero no dejan de ser interpretaciones. El hecho es que en un país que tiene una tradición histórica de alta participación en eventos electorales, la inmensa mayoría de los que podían hacerlo decidieron no salir a votar ayer.

No se puede tampoco soslayar la impresión que causará en Estados Unidos el hecho de que, de los que participaron, el 97% votó a favor de una de las opciones.

No hay sociedad democrática alguna en el mundo en que una opción, la que sea, obtenga tan alto margen de votos. Cosas así solo pasan en dictaduras que celebran elecciones fraudulentas para intentar legitimarse. Los congresistas y senadores estadounidenses que no hayan estado pendientes al proceso, que son la mayoría, van, de inmediato, a hacerse la pregunta: ¿cómo es posible que esto haya ocurrido?

La estadidad nunca la ha tenido fácil en el Congreso. Puerto Rico ha sido territorio estadounidense por 119 años. Somos ciudadanos estadounidenses desde el 1917. En 1952, el Congreso de Estados Unidos concedió un régimen semiautonómico del que renegó el año pasado cuando aprobó la Junta de Supervisión Fiscal cuyos miembros tienen más poderes que los funcionarios electos aquí.

Pero Estados Unidos nunca ha ofrecido la estadidad.

El mejor ejemplo de las dificultades que siempre ha tenido la estadidad en Washington lo da lo ocurrido en el 2012. Los puertorriqueños rechazaron entonces el status territorial 54% a 46%. El 61% votó a favor de la estadidad, aunque en un resultado puesto en duda por el hecho de que se depositaron 498,604 papeletas en blanco. Aun así, el Congreso no movió un dedo a favor de admitir a Puerto Rico como estado.

La única respuesta que dio Washington en aquella ocasión fue asignar $2.5 millones para que Puerto Rico orientara sobre alternativas de status en una futura consulta, siempre que dichas fórmulas fueran aprobadas por el Departamento de Justicia de Estados Unidos. Mas eso no se logró, pues cuando ya el Gobierno de Puerto Rico había logrado involucrar a Justicia federal en el proceso decidió no esperar a que las definiciones fueran aprobadas, luego de que la primera versión de la papeleta fuera rechazada.

Como decía ayer un puertorriqueño que se mueve en los círculos gubernamentales de Estados Unidos, y que prefirió que no se le cite por nombre: "el rechazo de Ricardo Rosselló de mover la fecha del plebiscito e ignorar al Departamento de Justicia fue su 'me vale' y se lo van a cobrar enterrando los resultados del plebiscito”.

En otras palabras, los estadistas puertorriqueños, que nadan contra la corriente en Washington, puede que al querer presentar este resultado como algo legítimo terminen enrareciendo aun más el ambiente para la estadidad en Estados Unidos.

Los congresistas estadounidenses no se mueren de pasión por convertir en estado de su unión a un país con cultura, nacionalidad e idioma diferentes, y que encima de eso atraviesa una crisis fiscal de proporciones apocalípticas que le ha dejado sin capacidad para cumplir con sus compromisos con la comunidad financiera y con sus propios ciudadanos.

Al dejar plantado al Departamento de Justicia de Estados Unidos mientras examinaba la papeleta, y presentarse a Washington con un insólito resultado de casi 100% a favor de su fórmula, habiendo votado menos de una cuarta parte de los convocados, el PNP le está dando la excusa perfecta a gente que no necesita de muchas excusas para seguir ignorando a Puerto Rico y dejarlo enterrado en la ciénaga maloliente del coloniaje.

Nadie en su sano juicio cree que el camino de la estadidad es fácil.

No lo fue incluso a veces para territorios en los que Washington sí estaba interesado y que no tenían los problemas que tiene Puerto Rico.

El increíble resultado de esta consulta, las circunstancias en que se llevó a cabo, va a hacer la cuesta mucho más empinada.

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