Ángel Collado Schwarz

Tribuna Invitada

Por Ángel Collado Schwarz
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La petición estadista dominicana

En 1870 el presidente Buenaventura Báez convocó un plebiscito para aprobar la anexión de Santo Domingo a Estados Unidos. Báez había negociado un tratado de anexión para que luego el Congreso lo ratificase.

Casi el 100% de los dominicanos emitieron su voto a favor de la petición para anexarse y la legislatura dominicana certificó los sufragios por unanimidad.

El plebiscito y la anexión estaban promovidos por el poderoso y popular presidente estadounidense, Ulysses S. Grant, general y héroe de las fuerzas triunfantes en la recién concluida Guerra Civil.

El modelo a seguir para la anexión sería el utilizado con la República de Tejas en 1845. Los tejanos se habían independizado de México en 1836, y abrieron en 1841 una embajada en Washington, D.C. Aunque el proceso de anexión fue controversial, finalmente el Congreso lo aprobó.

La anexión de Santo Domingo fue el primer gran proyecto del presidente Grant, para quien era impensable que no llegara a implementarse. Santo Domingo les proveería azúcar, café, tabaco, y la valiosa Bahía de Samaná para establecer su primera base naval caribeña.

Para sorpresa de Grant, la petición de estadidad fue rechazada por un amplio margen por la institución más poderosa y poco democrática del mundo, el Senado estadounidense. El hasta entonces aliado del presidente Grant, Charles Sumner, senador de Massachusetts y presidente del Comité de Asuntos Exteriores, lideró la consigna para evitar que una isla hispana se convirtiera en un estado de la Unión.

El Senado fue constituido por los “Founding Fathers” para proteger la élite en las colonias. Originalmente los senadores no eran elegidos por el pueblo, sino por la legislatura de los estados. Los dos senadores de Wyoming que representan a 600,000 habitantes tienen el mismo poder que los de California representando 40 millones de habitantes. Son elegidos por términos de seis años y nunca más de una tercera parte del cuerpo se presenta para reelección. En la Cámara de Representantes el 100% de sus congresistas se presenta para reelección cada dos años.

El Senado es el único cuerpo que confirma al gabinete del presidente, a los jueces y fiscales federales, a los generales y almirantes, y a los embajadores. Aprueba tratados y de darse un proceso para residenciar al presidente, sirve de jurado.

Para el senador Sumner, Santo Domingo estaba “ubicada en aguas tropicales y ocupada por otra raza”. En un importante discurso ofrecido en oposición a la anexión, Sumner expuso: “Estados Unidos debe proveer libre y generosamente: amabilidad, benevolencia, asistencia, ayuda, socorro, protección y todo lo que implique ser un buen vecino, pero la independencia es tan preciada para ellos como la nuestra es para nosotros y está colocada bajo el salvaguardia de leyes naturales que no se pueden violentar impunemente”.

Para los dominicanos la anexión a la primera república en vía de convertirse en un poderío mundial era una solución lógica y ventajosa ante su historia trágica de invasiones, mutilaciones y dictaduras.

Sin embargo, no importó que la mayoría de los dominicanos reclamaran la estadidad, no importaron las conveniencias económicas y militares que esta tenía para Estados Unidos ni importó que el poderoso presidente estadounidense y héroe militar la respaldara: el Senado rechazó su anexión y allí murió la consigna.

Posteriormente, en 1916, Estados Unidos invadió por primera vez a Santo Domingo y la ocupó militarmente hasta 1924.

Paralelamente, el Tribunal Supremo de Estados Unidos emitía sus decisiones en los Casos Insulares en los que diferenciaba los territorios incorporados de los no incorporados, y establecía que los primeros, con el tiempo, serían estados de la unión mientras que no así los segundos. Hawái y Alaska eran territorios incorporados mientras que Filipinas, Puerto Rico y Guam no lo eran.

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