Orlando Parga

Punto de vista

Por Orlando Parga
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La política en tiempos de odio

Algo nos ocurre en el tortuoso camino evolutivo como especie humana que desenfoca la madurez adquirida, desde cuando descubrimos que dependemos el uno del otro, a trabajar colectivamente y aspirar metas de bien común; los filósofos griegos enseñarnos a pensar, la era renacentista mostrarnos que la vida ofrece algo más interesante que hacer la guerra; hasta que la tecnología moderna, además de darnos máquinas de exterminio, nos abrió las puertas del universo para visitar las estrellas. Algo que nos marea, que cuando miramos hacia arriba nos empuja hacia abajo, regresándonos a la época de las cavernas.

“Si existieran patriotas como eran Barbosa, De Diego y Muñoz”, escribió el compositor Pedro Flores en clásica filosofía musical añorando aquella generación de líderes puertorriqueños capaces de diferir con elegancia e hidalguía, tan distinto a otras tierras en las que se debatía a sangre y fuego con machete y fusil. Cómo es que después de volar tan alto se patrocine la subcultura que multiplica audiencia llamándole “perra” a una alcaldesa del otro partido y se acrecienten endosos en las redes sociales al estímulo de la más cruda indecencia que pueda imaginarse contra otro ser humano. ¿De dónde heredamos esta vena de odio implacable que no sea de aquella época cuando fuimos salvajes e imperaba la ley de la jungla?

En 2001 inauguramos la primera mujer gobernadora, Sila Calderón, y, por ascenso constitucional hoy tenemos en Fortaleza a Wanda Vázquez, a Jenniffer González de comisionada en Washington, más una pléyade de féminas que a través del tiempo elegimos alcaldesas, legisladoras o elevamos a secretarías de gobierno; hasta que hoy por hoy son tres las mujeres que compiten por la gobernación desde tres partidos diferentes. De lo que surge la pregunta: ¿por qué somos tan rudos con nuestras mujeres políticas? ¡Rudos y crueles! En el partido de gobierno lo más suave en la propaganda de primarias contra la hoy gobernadora es el epíteto despreciativo de “la doña esa”… la doña que se atrevió retar la institucionalidad fraterna partidista y amenaza romperles el pasodoble de sus ambiciones.

Esa siembra de odios empuja una zafra electoral más destructiva que los sismos del suroeste. Gane quien gane, llega al poder sentenciado al descrédito, de antemano saboteada su agenda de gobierno. Estamos aún a tiempo para impedirlo. Contrario a los estremecimientos de la tierra, la energía negativa del odio político es controlable y puede pararse. El rechazo es la receta. El odio queda inerte cuando no despierta pasiones, se desvanece ante las aguas templadas del raciocinio. A los difusores del odio político en los medios de comunicación y redes sociales, quítales tu atención… se quedarán insulto al viento sin audiencia que les valide espacio o tiempo en los medios.

La moral está en la papeleta. Puerto Rico tiene muchos problemas por atender y resolver; no nos queda tiempo para los mercaderes del odio político.

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