Celestino Matta Méndez

Punto de Vista

Por Celestino Matta Méndez
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La “politidemia” en tiempos de pandemia

Puerto Rico vive lo que ciertamente podría considerarse como el peor momento en su historia.

Desde hace muchos años nos encontramos sumidos en una recesión económica; atravesando por un procedimiento federal de quiebra; recuperándonos personal y económicamente de los serios daños sufridos por los huracanes Irma y María y por un reciente terremoto; con gobiernos, de ambos partidos principales, maculados por el fraude y la corrupción; con una infraestructura en avanzado estado de deterioro, llegando al final de su vida útil; con servicios públicos con calificaciones que no sobrepasa una D+; con una Junta de Supervisión Fiscal impuesta por el gobierno federal; con un buen número de municipios en quiebra o que atraviesan por pésimas condiciones económicas; con un sistema de retiro gubernamental desfalcado y luchando por sobrevivir. Y dentro de este marco de desventuras, desde marzo del presente año víctimas de una terrible pandemia.  

Pero como si esto fuera poco, nos arremete, inmisericordemente, la “politidemia”. Esa presencia epidémica en nuestro pueblo de la política en su grado virulento: la política en su estado maligno, mordaz y corrosivo. Una enfermedad endémica que nos infecta habitualmente, pero que ataca, acomete, en su grado máximo, en el periodo de tiempo previo a las elecciones. 

No se detiene ante nada. La “politidemia” ciega y anula la razón, el buen juicio y el entendimiento. Inclusive llega hasta anular lo que es justo, ético y moral. Para mantener y adelantar causas políticas, así como para mantener vivo el tribalismo político, arremete sin contemplaciones contra quien sea, vulnerando reputaciones, y mancillando nombres y posiciones de funcionarios públicos y privados. 

Se hacen inferencias, deducciones e insinuaciones sin fundamento, o fundamentados en información no corroborada o proveniente de fuentes anónimas o poco confiables. Hay que criticar y hasta condenar a como dé lugar todo lo que hace el adversario. Todo se pudo haber hecho mejor, con mayor rapidez y eficiencia. Pero claro, todas esas sabias observaciones y aportaciones se hacen a posteriori, después de ocurridos los hechos. La crítica que no adelanta nada, destructiva, hiriente, politiquera.     

La “politidemia” no reconoce límites, arremete aún bajo las condiciones más aflictivas en las que se puede encontrar un pueblo, como es la secuela de eventos tras la devastación de huracanes y terremotos y en medio de temibles pandemias. Y disemina su virulencia utilizando todos los medios de comunicación a su alcance, para así continuar alimentando el tribalismo y clamando por la derrota del adversario a costa de lo que sea. 

Hasta en algunos programas de análisis político se revuelven los ideales y sentimientos partidistas del pueblo, creando disgusto y animosidad contra los adversarios o partidos contrarios. Revuelven el río para que ganen los pescadores. 

Así lo estamos viviendo en el mismo centro de la pandemia del coronavirus. Mientras todos vivimos atemorizados, llenos de incertidumbre, en aislamiento, con muchos de nuestros derechos limitados o cancelados, consternados por la terrible aflicción de los infestados, y hermanados con aquellos que han visto morir a familiares y amigos sin siquiera poder despedirse de ellos, la “politidemia” lleva a la celebración de una “investigación” legislativa relacionada con la compra de unas pruebas médicas y su subsiguiente cancelación. Una transacción de cuestionable legitimidad y legalidad, meritoria de una legítima y justa investigación, a su debido tiempo. 

Pero la “politidemia” arremete e impone una “investigación” apresurada y en medio de la pandemia, con vistas públicas para interrogar a personas que se ven forzadas a abandonar su aislamiento y comparecer a riesgo de contaminarse o de contaminar a otros. Saca de sus labores a médicos que voluntariamente le sirven al pueblo, así como a funcionarios públicos que laboran buscando contener la pandemia y que ven así acentuados su temor, ansiedad e incertidumbre. Una “investigación” donde aparentemente predomina la presunción de culpabilidad, de negligencia o de desempeño inapropiado de labores o responsabilidades de los interrogados. Una “investigación” que ignora la emergencia por la que atraviesa nuestro pueblo, pretendiendo juzgar las actuaciones como en tiempos de normalidad. Es la “politidemia”, que no conoce límites y que se enfoca en beneficios políticos inmediatos y predeterminados.  

Nadie está exento de ser infectado por la “politidemia”. Llega hasta afectarnos en nuestros ideales políticos, cuando nos ciega y los anteponemos a todo, insensibilizándonos para que dejemos a un lado el buen juicio que pondera y valora para asumir posiciones justas y balanceadas. Nos metemos de lleno en el logro del “quítate tú para ponerme yo” en la administración del territorio.       

¿Lograremos algún día encontrar una vacuna contra la “politidemia”? ¿Cuántos en nuestro pueblo se encuentran inmunes a este horrible virus?

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