Fernando Cabanillas

Consejos de cabecera

Por Fernando Cabanillas
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La presión alta y el estrés en Puerto Rico

Al tomarle la presión arterial a nuestros pacientes, muchos nos preguntan cuál es la más importante: “la de arriba” (la presión sistólica), o “la de abajo” (diastólica). Antes de contestar esta pregunta debo comenzar por explicar cuál es la diferencia entre ambas. 

El corazón no es otra cosa que un músculo especializado en bombear sangre con el fin de circularla por el cuerpo. Cada vez que ese músculo se contrae, expulsa el contenido de sus cuatro compartimentos y a eso le llamamos sístole. La sangre que se expulsa de una de esas cuatro cámaras, la conocida como el ventrículo izquierdo, es la que inmediatamente va a circular por el cerebro, las extremidades y el resto del cuerpo. 

La presión sistólica, por tanto, es la que se mide inmediatamente después de cada latido (contracción del ventrículo) mientras que la diastólica es la que se registra por una fracción de segundo durante el relajamiento del corazón entre un latido y otro. La presión sistólica se genera por el movimiento de sangre contra las paredes de ese sistema de tubos elásticos que llamamos arterias, y la diastólica es la presión que queda dentro de esa tubería después de relajarse el ventrículo. Ya que se mide durante la contracción del corazón, la presión sistólica siempre es más alta que la que se registra durante su relajamiento. Se preguntarán entonces qué importancia tiene todo esto. El padecer de presión alta conlleva a largo plazo un riesgo de desarrollar problemas cardíacos y derrames cerebrales, por tanto es importante diagnosticarla y tratarla a tiempo. El problema es que la gran mayoría de las veces la hipertensión pasa desapercibida porque no causa síntomas, hasta que sufrimos un derrame cerebral o un ataque al corazón.

Pero ¿cuál es más importante, la sistólica o la diastólica? Hasta 1980, se pensaba que la diastólica era la única importante, pero luego de un revelador estudio conocido como Framingham, se determinó que ambas son importantes. Ignorar la sistólica puede acarrear serios problemas. Existen dos tipos de hipertensión: la “esencial” o primaria, que representa un 95% de los casos, y que no tiene una causa conocida, aunque la obesidad, el estilo de vida sedentario, el consumo excesivo de alcohol y de sal contribuyen. Tambien existe la hipertensión secundaria, cuya causa puede ser una enfermedad de los riñones, un tumor de la glándula adrenal, la cocaína o el alcohol.

Cuando una persona está bajo estrés, la fuerza de la contracción cardíaca aumenta, y la presión sistólica sube. Hay personas que de solo ver al médico, les sube la presión. A eso le llamamos hipertensión de bata blanca. El aumento de la presión arterial sistólica que se produce durante estas condiciones de estrés cardíaco es usual y esperado. Por esa razón es importante medir la presión arterial durante períodos de descanso y tranquilidad antes de declarar al paciente hipertenso. Claro que no debemos ignorar la hipertensión de aquellas personas cuya personalidadu ocupación les genera un estrés casi continuo, y esos casos hay que tratarlos.

La presión sistólica normal se había considerado tradicionalmente entre 140/90, siendo la presión perfecta 120/80. En 2017 se decidió que esta cifra de 140/90 se debía bajar a 130/80, debido a que existen menos complicaciones con esos números más bajos.

En un estudio retrospectivo recién publicado en la prestigiosa revista New England Journal of Medicine, el Dr. Alexander Flint, del sistema Kaiser Permanente del Norte de California, estudió la relación entre la presión arterial y las complicaciones subsiguientes por espacio de ocho años. El estudio tenía como fin determinar los límites aceptables de las presiones sistólicas y diastólicas. Con ese propósito, seleccionaron más de un millón de casos a los cuales se les había medido la presión arterial al menos tres veces durante el estudio. 

Los hallazgos fueron interesantes. Solo un 20% registró presiones sobre 140/90, pero cuando cambió la definición de hipertensión a más de 130/80, la cantidad de hipertensos aumentó a más del doble (44%). Uno de los hallazgos importantes es que este estudio corroboró que el riesgo de complicaciones empieza cuando la presión sube por encima de 130/80. Existen variaciones que hacen del problema de la hipertensión algo aún más curioso. Entre los hipertensos, la mitad tenía exclusivamente elevación de la sistólica, y una pequeña minoría tenía solo la diastólica elevada, mientras que uno de cada tres tenian elevación de ambas. Si la presión sistólica es la única elevada, por ejemplo 150/80, a eso le llamamos “hipertensión sistólica aislada”. Las personas con presión sistólica aislada tienen un mayor riesgo de derrames cerebrales y enfermedad coronaria. Este problema es muy común en pacientes mayores de 60 años, debido a la disminución de elasticidad de las arterias. Otros pacientes, por ejemplo, tienen 130/95, “hipertensión diastólica aislada”. Las personas con esta última condición tienen más probabilidades de desarrollar un aneurisma aórtico abdominal, que consiste en que las paredes de la arteria principal del vientre se debilita y puede estallar, causando un sangrado letal. 

Lo que más les interesaba a los investigadores era determinar cuál de las dos presiones es más importante, la diastólica o la sistólica. Los resultados del estudio revelaron sin lugar a duda que la sistólica es más importante. Aquellos con hipertensión sistólica aislada tenían una probabilidad de complicaciones 33% más alta que los que sufrían de hipertensión diastólica. Pero curiosamente, en aquellos menores de 40 años, la presión diastólica elevada se asoció con muy serias consecuencias, todavía más que en personas mayores. 

Durante las últimas semanas los puertorriqueños hemos desarrollado un nuevo tipo de hipertensión secundaria que yo he bautizado como “R2”. Sin duda debe tener las oficinas de los cardiólogos llenas. Hay personas que de solo ver una foto de R2 se les dispara la presión. La renuncia no ha remediado el problema. Para erradicar este mal en su totalidad, otros personajes tan aborrecibles como R2 tienen que dimitir. Si no, surgirán otros tipos de hipertensión, posiblemente con un cuadro clínico más grave que la R2.

No podemos tomarnos mucho tiempo en deshierbar y resembrar, porque si estos síndromes no se resuelven pronto, auguro una crisis médica: los medicamentos antihipertensivos se van a extinguir en las farmacias.

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