Astrid Díaz

Tribuna Invitada

Por Astrid Díaz
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La Princesa

El Paseo La Princesa representa para los puertorriqueños un lugar único donde disfrutamos en familia.

El gran amor a ese lugar especial, donde muchos han tomado la foto después de su boda y de otros momentos felices, o que caminan saboreando una piragua, lo comprobé al leer los comentarios de la gente después de transmitir mi “Facebook Live” sobre la destrucción ocurrida allí tras la intensa marejada que impactó el norte del país en los pasados días.

Durante la inspección que llevé a cabo quedé sorprendida y preocupada. El Paseo de la Princesa se diseñó para conmemorar el Quinto Centenario del Descubrimiento de América en 1992. Su diseño arquitectónico se integra armoniosamente al entorno entre la bahía y nuestro San Juan antiguo. Cuando se visita, las experiencias sensoriales son gratificantes porque su buen diseño está en función del ser humano.

Sus planos se hicieron según los códigos de construcción del momento. Hoy, 25 años después, sus muros no aguantaron el embate de las marejadas y colapsaron. Sin embargo, a pocos pasos de estos muros están en pie las históricas murallas construidas hace 500 años.

¿Evento fortuito? ¿Cuáles muros están mejor construidos? ¿Fueron los materiales? ¿Es el cambio climático? ¿Se afectarán nuestras murallas históricas en el futuro? ¿Cómo aprovechar estos espacios para interés turístico y recreacional sin arriesgar vidas?

Hoy son marejadas, ayer un huracán, mañana un tsunami. Es la naturaleza expresándose y nosotros respondiéndole. El diseño y planificación de nuestras ciudades y edificaciones, especialmente las costeras, debe tener como norte estas fuerzas de la natura. Las respuesta a la reconstrucción del Paseo deben ser cuidadosamente brindadas a través de gran planificación y diseño fundamendatos en buenas vivencias para el ser humano en espacios seguros, estéticos, estimulantes, considerando las realidades del nuevo Puerto Rico que estamos viviendo tras el huracán. Se necesitan evaluaciones críticas para formular los caminos renovados a conseguir.

Es obligación de esta generación, no tan solo cuidar sino reconstruir lo que ha representado la herencia arquitectónica de Puerto Rico, como lo es el Paseo de la Princesa.

Estoy lista a aportar de mi parte. Es obligación y honra de todos hacer lo mismo.

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