Vanessa Droz

Tribuna Invitada

Por Vanessa Droz
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La producción cultural merece respeto

Los recortes a las entidades y proyectos culturales del país deben escandalizarnos a todos. Son obscenas las instancias hacia las que se está canalizando dinero —las vemos todos los días en la prensa, sobre todo los contratos inmorales, incluidos los de la Junta de Control Fiscal— y que entidades culturales de la relevancia de La Casa del Libro, la Academia Puertorriqueña de la Lengua, Casa Paoli o la Fundación Nacional para la Cultura Popular, entre otras, hayan sido desprovistas de fondos y que a otras se los hayan reducido.

No creo que nuestra mal llamada “clase política” entienda (supongo que alguna excepción habrá) lo que significa la cultura en toda su complejidad. Para empezar, la mayoría de sus integrantes son incultos. Lo que sí saben es que “ahí” ha habido siempre algo que no pueden controlar, un amplísimo reducto de afán de creación, de inteligencia, de amor por el país, un país que resiste y no se detiene en lo que a ingenio se refiere. Lo saben del mismo modo que no saben descifrar a Oscar López Rivera, cómo pudo estar esos 12 años en confinamiento solitario sin que se le resquebrajara el alma; todo lo contrario, que se le fortaleciera. En fin, eso que nos aleja de la estadidad. Los puertorriqueños somos de esa madera.

Cuando hace dos años la Comisión para el Desarrollo Cultural rindió su informe final, Alejandro García Padilla tuvo la intervención indispensable en estos casos. Luego se despidió, no sin antes enfatizar una petición a los allí presentes: que fuéramos humildes, tal como lo había sido don Ricardo Alegría.

Pregunté allí a mis colegas y a los integrantes de la Comisión —que habían trabajado sin paga— si el gobernador, cuando se reunía con los industriales, la Cámara de Comercio o el Colegio de Médicos Cirujanos, les solicitaba que fueran “humildes”. La falta de respeto del exgobernador García Padilla me hizo recordar todas esas circunstancias en que artistas plásticos, escritores, músicos, entre otros, son asediados para que donen obra, talento y tiempo para allegar fondos a tal o cual causa o engalanar alguna actividad. El gobierno y la empresa privada (sí, sé que hay excepciones) han visto los productos de la cultura como una gestión de relaciones públicas pero, cuando es el artista el que pide algún apoyo económico, tal pareciera que es un limosnero.

La gente de la cultura es la gente más generosa. Son los que seguirán diciendo que sí a esas peticiones. Está en su naturaleza. Empero, me pregunto en qué medida hemos contribuido a esa noción de humildad de la que hablaba García Padilla porque, es cierto, los hacedores de cultura hacen maravillas con poco presupuesto. Se lo reducen y dicen: “Bueeeeno..., está difícil, pero seguimos”. Después les quitan más y piensan: “Está... pero pa’lante”. Y hacen mucho, mucho más. ¿Será una de las premisas de los recortes y eliminación de fondos? Digo, aparte del evidente objetivo de estrangulación a las instituciones y personas de uno de los sectores de más aportación, lucha, dignidad y perseverancia del país. Es hora de virar esa tortilla y no seguir creyendo que hay que hacer más con menos, frase implantada por los que siguen teniendo más, que son los mismos que no están padeciendo ninguna crisis.

Actualmente, hay una mayor efervescencia cultural en Puerto Rico; una mayor conciencia ciudadana también. Es evidente en las gestas de los jóvenes en la agricultura, en la reinvención urbana, en la gastronomía, en la defensa del ambiente y de los derechos humanos y civiles.

También es evidente que la doctrina del “shock” ha estado surtiendo efecto y que trazar ruta se ha dificultado. También hay que virar esa tortilla.

No hay que ser adivinos para concluir que los que ostentan el poder saben dónde encontrar el dinero para la cultura. Además de en los escondrijos fiscales, lo vemos todos los días en la prensa.

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