Juan Juarbe Montijo

Tribuna Invitada

Por Juan Juarbe Montijo
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La realidad del deporte infantil

Durante 30 años le dediqué gran parte de mi vida a la dirección técnica en baloncesto. En cada edad los objetivos del juego son diferentes con retos y particularidades variados, no sólo para el atleta sino también para los padres y entrenadores. A continuación les expongo una problemática que ha permeado por años en los deportes competitivos infantiles y aficionados.

Por lo general las primeras experiencias en el ámbito deportivo surgen a muy temprana edad. Usualmente, se comienza a practicar un deporte competitivo entre los 4 a 6 años. Practicar deportes con reglas definidas, con una disciplina requerida y en un ambiente de camaradería supone un excelente medio para cimentar una serie de valores altamente deseables en el individuo en desarrollo. Para lograr esto hay que tener claro cuáles son los propósitos que se buscan en la praxis deportiva de acuerdo a la edad del participante. 

En el caso de los niños pequeños se busca, primero que todo, empezar a practicar para dominar los fundamentos de carácter físico necesarios para practicar el deporte. Debido a que se está trabajando con niños es muy importante elaborar técnicas de enseñanza donde se utilice el juego como medio facilitador. En otras palabras los niños juegan porque les divierte, así aprenden y no se aburren. Mas, sin embargo, la realidad es otra. 

Muchos padres e incluso muchos dirigentes actúan de forma diametralmente opuesta. Entrenan a sus pupilos como si fueran jóvenes de mayor edad, pretendiendo que ejecuten dentro de la cancha con un solo propósito en mente, ganar. No toman en cuenta las necesidades del joven, en la mayoría de los casos responden a sus propias aspiraciones de triunfo. En muchos casos le dan bebidas energizantes antes de los juegos para que el jugador tenga mayor rendimiento y estámina. Los obligan a entrenar a niveles superiores a los que su edad cronológica y habilidades les permiten.  Añadan a esto la presión constante de ganar, de ser el mejor, los regaños,  castigos, etc. Tenemos como resultado un niño maltratado, hostigado y con un riesgo a su salud física y mental real y latente.

En la mayoría de los casos estas actitudes surgen por ignorancia. En mi opinión la solución a este problema debe de empezar con educación y orientación a padres, técnicos y atletas. Se debe de asegurar que los encargados de enseñar el deporte tengan claro las necesidades específicas de cada etapa en el desarrollo de un atleta, se le debe inculcar la responsabilidad moral que tienen los técnicos e imponer severas sanciones contra los que cometan actos contra la filosofía educativa del deporte. 

 

Debe de ser obligatorio un curso a los padres donde se les instruya y oriente sobre el verdadero rol del deporte en la juventud y de los efectos negativos y peligros de actitudes retrógradas e insensatas a las que muchos padres someten a sus hijos. Se deben de hacer valer las leyes existentes de maltrato y modificar y añadir leyes para cubrir cualquier vacío existente. El deporte es sinónimo de mente sana en cuerpo sano,  pero esto se logra en un ambiente sano, libre de presiones, donde puedan jugar, divertirse y aprender a ser mejores seres humanos.   

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