Elga del Valle La Luz

Punto de vista

Por Elga del Valle La Luz
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La reconstrucción de Puerto Rico


Durante las pasadas semanas se han creado espacios de diálogo y participación ciudadana que han propiciado conversaciones indispensables como resultado del verano del 2019. Gente que representa múltiples sectores del país, y que no están vinculados a ninguno de los partidos tradicionales, e inclusive personas de la sociedad civil han abierto, en diferentes partes de la isla, esos espacios. Después del verano del 2019, hay esperanza. 

Tenemos un gran reto por delante. Hemos visto que la generación que se levanta, lejos de ser, como muchos hemos criticado, pasivos, individualistas, ensimismados, han demostrado una gran capacidad para indignarse, organizarse y dejar sentir con asertividad sus posturas relacionadas con el quehacer colectivo y el bien común. 

No podemos mirar lo que ocurrió en verano, ni mi generación, ni los “boomers”, con indiferencia… Mucho menos permanecer en la inflexible postura ideológica y partidista que ha propiciado que se perpetúen en el poder personas que lejos de adelantar agendas por el bien de Puerto Rico, lo que han hecho es buscar el beneficio individual y distanciar al país de un futuro autosustentable que cree las condiciones para poder definir su situación política, sea la que sea. 

Ya no se trata de colores, de partidos, de ideologías. Estamos hablando de gente dispuesta a abandonar un ideal de manera momentánea para identificarse con su origen, para solidarizarse con un fin común poniendo en manifiesto que ante todo somos dignos, somos decentes, somos empáticos. La manifestación masiva del verano del 2019 puso como bandera la cero tolerancia al discrimen por sexo, raza y preferencia sexual… Evidenció que somos capaces de enlazar voluntades más allá de las diferencias porque lo que nos une es más fuerte. Que ya es suficiente de actos de corrupción y de la impunidad… que nos duele la precariedad, la vulnerabilidad, la pobreza y todo su corolario. 

Puerto Rico envió un mensaje contundente a los políticos de turno, sin importar el partido. Dijo de manera definitiva que no va a aceptar conductas que no sean las esperadas de aquellos que nos representan, que nos gobiernan con el consentimiento del manifiesto democrático en las urnas… Puerto Rico expresó que si luego de haberles elegido no responden como deberían, es posible cerrar filas para, de manera pacífica, sin necesidad de derramar sangre, manifestarnos de manera multitudinaria para repudiarles y convencerles de que su tiempo caducó y deben dar paso a otras u otros dispuestos a estar a la altura. Que los principios de la democracia no tienen términos, que cuatro años no son camisa de fuerza, que nos renovamos las veces que sean necesarias...  

Un mejor Puerto Rico es posible solo cuando reducimos brechas, cuando levantamos puentes, cuando nos distanciamos de lo que nos divide, cuando el estandarte es echar hacia adelante sin importar el ideal. Puerto Rico, el lugar que habita mi hija y mi hijo, que habitarán mis nietas o nietos, es terreno fértil para hacer posible un futuro alterno. 

Hoy apremia, más que nunca, entender que hay que primero garantizar nuestra autosuficiencia, sanear la administración pública y esbozar alternativas para levantarnos con un proyecto viable para poder aspirar a definir nuestro status político. 

Debemos estar atentos a los espacios de diálogo que se han abierto, participar en ellos, cambiar nuestra manera de elegir a quienes nos representan. Tenemos que reconstruir el país dejando a un lado los intereses de unos pocos para garantizar el futuro de todas y todos… ¿Qué clase de país queremos legar? 

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