Gustavo Vélez

Tribuna Invitada

Por Gustavo Vélez
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La reducción del PAN y el precipicio alimentario

En los pasados días, mientras en Puerto Rico ardían las más profundas pasiones nacionalistas por la eliminación de federal de las peleas de gallos, a la misma vez se discutía un problema mucho más serio, que es el desembolso del dinero federal para la reconstrucción de la isla. También surgía información sobre las dudas en torno a la extensión de los fondos del Programa de Asistencia Nutricional (PAN).

El PAN es posiblemente uno de los programas sociales más importantes que se financia gracias a una aportación del gobierno federal cercana a los $2,000 millones. El programa comenzó a implementarse en Puerto Rico en el 1977, luego de que el Congreso incluyera a los territorios en su cobertura y beneficios.

Desde entonces, el total de familias que se beneficia del programa ha estado en constante aumento. En la actualidad, casi un 40% del total de los hogares se beneficia de forma directa de los beneficios del PAN. A raíz del huracán, ese porcentaje actualmente está cercano al 60%.

A raíz del impacto de María, una las primeras acciones que tomó el Congreso Federal para mitigar el impacto social y económico del huracán fue aumentar por un año el beneficio del programa por $1,200 millones adicionales. Con esta extensión, se buscaba ayudar a los sectores gravemente afectados por el huracán y asegurar que tuvieran acceso a la alimentación.

Claramente, el incremento temporero en los fondos del PAN ha representado una fuerte inyección económica a la industria de alimentos, que ha visto un aumento sustancial en sus ventas desde que comenzó en marzo de 2018.

El aumento llevó a casi $3,000 millones el total de fondos del programa, algo nunca antes visto en la industria. De manera consistente, por los últimos meses, las ventas de los supermercados han crecido entre 10% a 12%, lo que ha servido como una bonanza a todas las empresas de este importante sector económico.

Un análisis presentado por nuestra firma Inteligencia Económica, durante un evento ante MIDA esta pasada semana, reveló que la industria pudiera ver caer sus ventas entre el 2019 y el 2020, a raíz de la pérdida de población, y un débil comportamiento económico sin el apoyo de los fondos del PAN.

Nuestro análisis concluyó que una reducción en los fondos del programa, unido a indicadores económicos débiles, puede dislocar severamente toda la industria de alimentos.

Sin embargo, la industria enfrenta ahora el reto del fin de este incremento y un clima adverso en la capital federal para mantener el nivel de beneficios del PAN. Analistas y expertos en la industria temen que el fin del incremento de las ayudas, sin que la economía haya recuperado, afecte el acceso a los alimentos de sectores poblacionales, y a la misma vez impacte a la industria.

Algunas personas han comenzado a hacer referencia a esta posibilidad como el abismo alimentario. Es decir, el escenario real de que pueda haber un disloque social porque se acabe el dinero adicional del PAN, y que miles de familias no puedan tener acceso a una alimentación adecuada.

El argumento principal es que a 14 meses del impacto de María, hay sectores que siguen altamente afectados por el huracán; inclusive, en sus ingresos para comer. También hay información que sustenta el hecho que los niveles de pobreza y rezago socioeconómico han aumentado luego del paso del fenómeno natural. Además, se estima que el proceso de recuperación tomará al menos cinco años.

Sin embargo, la visión que comienza a prevalecer en la capital federal hacia Puerto Rico no es de generosidad económica. Según nos alejamos de aquella fatídica madrugada del 20 de septiembre de 2017, el interés federal por ayudar se ha ido debilitando. A eso hay que agregar la falta de voluntad local para atender con determinación y disciplina la exigencia de transparencia que ha hecho el gobierno federal para desembolsar los fondos de reconstrucción.

No ha ayudado mucho tampoco la continua actitud de desafío del gobierno hacia la Junta de Supervisión Fiscal (JSF), y mucho menos el ambiente político disfuncional que prevalece en la capital federal. El mensaje por Twitter del presidente Donald Trump, pidiendo que no se den más ayudas a la isla, se tomó de forma liviana, pero en efecto es más serio.

Eventos recientes debilitan aún más la posibilidad de más ayuda o que en efecto, se aumente. Entre julio y septiembre, huracanes afectaron estados del sureste de los Estados Unidos, lo que aumenta la demanda por más fondos y recursos de FEMA. Eventualmente, durante las elecciones de medio término el Partido Demócrata cogió el control de la Cámara de Representantes, lo que aumenta el nivel de conflictos en materia fiscal y por ende limita el espacio de acción para ayudar a Puerto Rico.

Sectores de la industria han comenzado un loable esfuerzo de cabildeo en Washington, pero enfrentan un escenario bien adverso. La posibilidad de que haya un abismo alimentario en la isla, a partir de la segunda mitad de 2019, es un reto de proporción mayor que urge atender con responsabilidad y urgencia. Ya comenzó el conteo regresivo.

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