Benjamín Morales

El Catalejo

Por Benjamín Morales
💬 0

La reforma constitucional en Cuba

Cuba ha entrado en un proceso de reforma constitucional que es de lo más interesante, y no es para nada menor y mucho menos cosmético.

El parlamento del país inició la redacción de una nueva carta magna que sustituye a la redactada en 1976. No es un mero lavado de cara; es la construcción de un nuevo documento que pretende modernizar el Estado, eso, claro está, desde lo que implica la modernización desde la particular perspectiva cubana.

Ya el proyecto base ha sido aprobado por la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP) tras una intensa discusión y será sometido a revisión popular por unos tres meses, lo que implica que nuevas ideas y propuestas serán integradas. Luego el proyecto será evaluado de nuevo por la ANPP para ser llevado a un referéndum que permitirá su implantación.

El proyecto de constitución que será sometido a consideración popular tiene consideraciones filosóficas de mayor porte.

En primer lugar, se ha eliminado el concepto “comunismo” de sus páginas. Esa acción significa que el sistema cubano no aspirará a lograr que todos los ciudadanos sean iguales, como se planteó en los inicios de la Revolución, y que sus bases serán socialistas, lo que sostiene que el pueblo tendrá acceso igual a servicios universales como salud, educación, seguridad social y ciudadana, pero cada cual deberá forjar su futuro a partir de esas garantías públicas.

En el ordenamiento cubano ese es un cambio enorme, pues la eliminación del comunismo de las garantías constitucionales cuestiona incluso el sistema de colectividad única, pues esa figura política se llama Partido Comunista de Cuba (PCC).

Si a esa determinación se suma que otra de las decisiones de la ANPP ha sido reconocer la actividad del mercado, la propiedad privada y la inversión extranjera, no es complicado darse cuenta de hacia dónde van los tiros.

China y Vietnam han probado que las acciones de mercado no riñen con las políticas socialistas, por lo que no es descabellado pensar que Cuba se apresta a reformar su sistema a la usanza de esos países asiáticos.

Dicha transformación, por supuesto, no será súbita ni impuesta. La estrategia cubana va dirigida a reformar su maltrecha economía a paso lento y quienes se afilan los dientes para hacer fiesta en el virgen mercado cubano tendrán que tener paciencia, porque el proceso de apertura se dará, pero lentamente, aunque sin detenerse.

A Cuba no le ha quedado otra que reconocer las iniciativas de mercado como parte integral de su futuro, un postulado que ha sido complejo de tragar para una sociedad que se ha resistido por décadas a ese tipo de movida. Ese reconocimiento, sin embargo, ha venido acompañado de un convencimiento de que los pilares del socialismo cubano no deben ser abandonados y que su sociedad se sostendrá con acceso universal a la educación a todos los niveles, un sistema de salud gratuito, unas callesseguras y un sistema de servicios sociales que impida que los ciudadanos más vulnerables sean dejados atrás, como pasa en muchas economías de mercado.

Para ello Cuba requerirá de fuertes controles para evitar la concentración de riqueza, un punto que se discutió candentemente en la ANPP, pero que fue rechazado férreamente por el comité que redacta la nueva constitución, el cual es presidido en persona por Raúl Castro Ruz.

Negarse a incluir la lucha contra la concentración de riqueza como precepto constitucional es otro firme indicador de que la transformación en Cuba será más profunda de lo que mucha gente cree.

Así que seguir de cerca la reforma de la constitución en Cuba se hace imperativo para aquellos que vivimos en esta zona del planeta, porque si los cubanos se mueven a un modelo al estilo China o Vietnam, tendremos ante nosotros el nacimiento de una economía que marcará la región, sea para bien o para mal, todo dependiendo del cristal con que se mire.

Otras columnas de Benjamín Morales

💬Ver 0 comentarios