Ana Helvia Quintero

Tribuna Invitada

Por Ana Helvia Quintero
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La reforma educativa

En los últimos tiempos se viene discutiendo el tema de una reforma educativa. La discusión se ha centrado mayormente en la organización administrativa del Departamento de Educación y su descentralización. Se piensa que esta reestructuración organizativa del sistema educativo traerá como resultado un mejoramiento en la enseñanza y elevar los niveles de aprendizaje y aprovechamiento de los estudiantes.

No hay duda que una organización más ágil y eficiente apoyaría la enseñanza. Sin embargo, la descentralización por sí misma no asegura los resultados esperados en la calidad de la enseñanza. Hay experiencias en diversos países que demuestran que no hay una relación directa entre la descentralización y la calidad de la enseñanza. Así, países con sistemas educativos centralizados, como Japón, y países con sistemas descentralizados, como Holanda, obtienen buenos resultados en las pruebas internacionales. Mientras que entre los países con un pobre desempeño encontramos tanto países cuyo sistema educativo es centralizado como descentralizado.

De hecho, la relación centralización-descentralización en la educación no puede verse como un asunto de dos polos, sino que debe analizarse con cuidado tomando en cuenta los diferentes componentes. Así por ejemplo, la pregunta principal no debe ser si centralizar o descentralizar el sistema, sino qué componentes del mismo deben estar controlados desde qué nivel, y en qué forma, de manera que incida en mejorar el proceso de aprendizaje y enseñanza.

Por esto, en lugar de iniciar la discusión sobre la organización como herramienta para promover un cambio en los procesos de aprendizaje y enseñanza, debemos desarrollar la visión de lo que deben ser los procesos de aprendizaje y enseñanza y a partir de estos desarrollar la organización administrativa que mejor los apoye.

Desde hace años he abogado por una visión sobre los procesos de aprendizaje y enseñanza que implica cambios en la forma como generalmente se enseña: de un proceso de transmisión de información, en muchas ocasiones de poco interés al estudiante, a un proceso vivo donde el maestro apoya y motiva al estudiante a entender su mundo. De un proceso ajeno a la cultura del joven, a otro proceso que tiende puentes con su cultura. De un proceso homogéneo y un currículo uniforme, a otro que tome en consideración los diversos talentos, y parte de las fortalezas del estudiante, en lugar de acentuar sus debilidades que dan pie a los rezagos escolares y en muchos casos el abandono de sus estudios. De un proceso ajeno a las emociones del estudiante a otro que las tome en cuenta y ofrezca al estudiante herramientas para trabajar positivamente con ellas. Y de un proceso que aleja aproximadamente al 20% de los estudiantes, a otro que abra oportunidades y anime a los jóvenes a proseguir su aprendizaje.

Ahora bien, al traducir esta visión a la práctica no podemos buscar una situación perfecta, sino aprender haciendo. Por esta razón el proceso de cambio debe iniciarse identificando escuelas y proyectos que han llevado a la práctica componentes de la visión de la enseñanza que proponemos. Son experiencias que nos permiten aprender de la práctica, tanto para diseminar la visión y las procedimientos educativos que conlleva, así como para refinarlos.

El análisis de la realidad de las escuelas que bajo las mismas circunstancias sociales, económicas y sistémicas, bajo el mismo Departamento de Educación, logran preparar exitosamente a sus estudiantes, podría ayudar a la búsqueda de alternativas. El partir de experiencias positivas en el sistema también apoya el desarrollo de un ambiente de entusiasmo que tanto se necesita.

La experiencia de identificar y desarrollar ejemplos en la práctica, ofrece la base para sugerir los principios de una organización administrativa que apoyaría una transformación positiva del sistema escolar

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