Ana Helvia Quintero

Tribuna Invitada

Por Ana Helvia Quintero
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La reorganización del Departamento de Educación

Recientemente participé en un Simposio organizado por la Revista Jurídica de la Universidad de Puerto Rico, en el que se examinaba, entre otras cosas, la reorganización del Departamento de Educación (DE) a partir de la Ley de Reforma Educativa de Puerto Rico.

Al analizar el organigrama organizativo del DE de antes y después de la nueva ley, observamos tres cambios principales: las Oficinas Regionales Educativa (ORE) consolidan las regiones educativas y los distritos escolares; las diversas secretarías auxiliares que respondían a los subsecretarios ahora son divisiones de las ORE; los directores escolares que respondían directamente al secretario ahora responden al superintendente de la ORE.

Considero estos cambios positivos. Antes las regiones educativas trabajaban los asuntos administrativos, y los distritos los académicos. Esta división es algo artificial, pues casi todos los asuntos académicos tienen repercusiones administrativas, y la administración de un sistema educativo debiera estar guiada por criterios académicos. Había entonces redundancia en varios procesos y, en otros, falta de coordinación. Unir lo académico y lo administrativo podría disminuir la redundancia y apoyar la coordinación.

Eliminar las secretarías auxiliares y pasar sus funciones a las divisiones en los ORE tiene dos consecuencias positivas. El nivel central del sistema se convierte en una organización pequeña que puede entonces enfocarse en desarrollar la política educativa y evaluar sus resultados. Además, al estar más cercanas a las escuelas, las divisiones pueden adaptar sus directrices a las realidades de la región. Por ejemplo, recientemente leí en el periódico que los énfasis de la educación vocacional pueden variar por región, a partir de la actividad económica de esta.

El cambio de a quién responden los directores es también positivo. Era realmente imposible que el secretario atendiera apropiadamente a todos los directores. Que los directores respondan al superintendente de la ORE acerca más las decisiones administrativas y docentes a las escuelas.

Para que sea efectivo, este cambio en la organización tiene que ir acompañado de una transformación en la visión sobre la labor educativa. La visión que predomina en el DE, como en muchos educadores, es que la tarea educativa básica es definir la política. Una vez definida la política, se piensa que la implantación es un asunto técnico que se guía por directrices homogéneas en todas las escuelas. La realidad educativa es otra; la educación es un sistema dinámico, diverso e incierto. La realidad escolar varía de escuela a escuela, así que para lograr el desarrollo pleno de los estudiantes se necesitan estrategias diversas. Recientemente, vi esta realidad ilustrada en una entrevista a la directora de la Escuela Libre de Música, la Sra. Magaly Rosario, quien hasta hace poco había dirigido la Escuela Cuevas Bacenet en Villa Palmera. Al comparar su experiencia en ambas escuelas, nos dice: “Estoy en un proceso de aprendizaje, cómo yo me inserto en una realidad que es totalmente opuesta, y saco lo mejor de todos ellos, dentro de lo mejor. ¡No es la misma receta!”

Experiencias anteriores confirman esta realidad; las escuelas que desarrollan con éxito un proyecto lo logran de formas distintas, empleando diversas estrategias. ¿Cómo entonces adaptar la organización del DE a esta realidad diversa y cambiante?, es el tema que discutiré en un próximo artículo.

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