Jorge Schmidt Nieto

Tribuna Invitada

Por Jorge Schmidt Nieto
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La República del Oeste en Puerto Rico

El occidente de Puerto Rico parece otro país, algo así como la República del Oeste. Daría la impresión de que existiera una frontera delineada por un brazo de mar que corriera de norte a sur, entrando por Isabela y saliendo por San Germán.

El oeste tiene su propia cultura política, sus canales de televisión, emisoras de radio, periódicos, blogs y hasta variantes lingüísticas. Los estudiantes sanjuaneros del Recinto de Mayagüez de la UPR “viajan” a sus hogares los fines de semana, como si se tratara de abordar un avión.

En el lánguido proceso de recuperación del 20 de septiembre, el oeste quedó totalmente aislado del país. La incomunicación fue casi absoluta, tanto virtual como física. Sólo rompieron el silencio los valiosos esfuerzos de emisoras y retransmisoras de radio locales, así como la televisión del área.

Los trabajos que se efectuaron en las primeras semanas fueron producto de los heroicos trabajos de los alcaldes, organizaciones sin fines de lucro del área, empresarios y ciudadanos. Citaban a los alcaldes a infructuosas reuniones en San Juan mientras los inquilinos del lujoso COE brillaban por su ausencia en la zona.

La negligencia del área metropolitana hacia el oeste no es nueva y sus habitantes la conocen demasiado bien. Los impuestos de los ciudadanos del oeste contribuyeron a construir el Tren Urbano, el Coliseo de Puerto Rico, el Superacueducto, el Centro de Convenciones, el Paseo de Puerta de Tierra, la Ruta 66 y muchas otras obras faraónicas que no mejoraron en nada la calidad de vida en la región.

También heredaron la deuda.

El oeste carece de un sistema de transportación público, pero subsidia a la Autoridad Metropolitana de Autobuses. Brillan por su ausencia las obras teatrales, los espectáculos musicales y las actividades culturales, pero sus habitantes sufragan los gastos de instituciones como la Corporación del Centro de Bellas Artes, el Conservatorio de Música y el Museo de Arte de Puerto Rico, que sólo benefician a los residentes del área metro. No se hablaría de clausurar el zoológico si se localizara en Río Piedras o Guaynabo.

El oeste no es sólo playas y la facultad de ingeniería. Ya es hora de que los sanjuaneros y el gobierno central reconozcan su padecimiento del síndrome de la capital e incorporen las necesidades de los habitantes de este lado de “la isla”.

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