Denise Pérez Rodríguez

Tribuna Invitada

Por Denise Pérez Rodríguez
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La resistencia es la actitud inteligente

Mi mente y espíritu llevaban largo tiempo aletargados, resultado quizás del éxodo vivido los últimos meses del año pasado.  Primero estuve refugiada en un apartamento ajeno electrificado, huyendo de la contaminación de gases y ruido que abatía mi hogar.  Luego visité Nueva York para recibir a mi primer nieto.

Era como si se hubiese desvanecido el recuerdo de los huracanes que sincronizados zarandearon la isla en septiembre de 2017: sus dolorosas secuelas físicas y emocionales, las verdades develadas sobre la debilitada condición económica, estructural, política y social del país, y sus responsables.

Mas el foro sobre capitalismo y ambiente realizado en el recinto riopedrense de la Universidad de Puerto Rico a finales de enero logró desperezarme.  Recuperé así la claridad con la cual leía la situación las semanas siguientes a los eventos atmosféricos.

La invitada principal de la actividad era la periodista canadiense Naomi Klein, quien vive denunciando los entuertos de una variante capitalista llamada “de desastre”. Esta modalidad se lucra de las catástrofes que acaecen en los países, enriquece a unos pocos y su agenda requiere neutralizar la esfera pública.  Un Puerto Rico devastado parecería ser su blanco idóneo. La visitante, junto a cuatro líderes ambientalistas y comunitarias puertorriqueñas, ofreció un mensaje integrado:

La resistencia es la actitud inteligente de abordar las ideas que, para levantar las economías en crisis y superar las devastaciones naturales, este capitalismo propone como únicas e inevitables. Ejemplifican estas: la austeridad extrema, la venta irrestricta de bienes públicos y el alza desmesurada en los costos de la enseñanza universitaria, de grave impacto para los ciudadanos, en particular los más desventajados.  Es diferente a la tan promovida resiliencia, o capacidad de adaptación de las personas a situaciones adversas. Aunque útil en su momento, esta tiende a llevarnos a una normalidad engañosa que facilita los objetivos de esta ideología económica.

Resistir, sin embargo, nos ubica fuera de esa zona de comodidad falsa conminándonos a experimentar nuevas estrategias. Entre estas encontramos las que empoderan a los individuos y las comunidades: fortalecer las organizaciones de base comunitaria pues promueven la autogestión, la ayuda solidaria y las “soberanías múltiples” (alimentaria, energética, económica etc.); formar parte activa de la discusión pública, aprovechando los espacios donde se puede influir (por ejemplo: el tTribunal bajo el Título III de Promesa) e implantar soluciones integrales, holísticas a los problemas ambientales. Finalmente, plantean que aceptar sin resistencia la privatización de la Autoridad de Energía Eléctrica será interpretado por el gobierno como carta blanca para privatizar sin restricciones otros bienes públicos

Desde esta óptica, resistir puede interpretarse como la práctica de cuestionar ideas, especialmente de quienes tienen poder económico, político o de otra índole.  Es pensar y obrar con fundamento, y llevar a otros a reflexionar.  Incluye aprender y aplicar nuevas teorías y soluciones; denunciar lo que creemos erróneo para la sociedad y darles visibilidad a formas alternas de resolver los problemas.

En Puerto Rico es impostergable resistirnos al influjo de los partidos políticos que han gobernado por décadas, dominan el sistema electoral, y cuya mala administración ha llevado, con otras variables, a la situación actual. Debemos resistir la creencia de que son insustituibles. Si algo bueno parece haber revelado la experiencia huracanada es el potencial de poder en dimensiones menos exploradas.

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