Nicolás Hernández Sanabria

Punto de vista

Por Nicolás Hernández Sanabria
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La respuesta emocional ante la pandemia

En momentos en que la infección por coronavirus se hace más posible en Puerto Rico con el aumento del número de casos sospechosos, también los niveles de estrés y angustia van aumentando. Desde el mes de diciembre estamos pendientes al curso que ha ido tomando lo que comenzó como un brote de infección en China y se ha convertido en lo que recientemente la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró como pandemia. La gobernadora ha declarado emergencia nacional ante la amenaza del COVID-19 en la isla. 

A esta reacción de estrés y miedo a la enfermedad se suma la ansiedad anticipada que conlleva el peligro de no tener trabajo y su consecuente impacto en la economía familiar, con el cierre de comercios, escuelas y universidades como medida preventiva para controlar la propagación.  Una vez más nos enfrentamos a un evento de la naturaleza del cual no tenemos demasiado control. Como país hemos demostrado nuestra resiliencia y capacidad de organización y respuesta ante desastres naturales. Como familia ya hemos manejado situaciones de huracanes, terremotos y otras epidemias como las del dengue, zika, chikunguña y la influenza. 

Es normal sentir preocupación y un nivel de ansiedad ante la imposibilidad de no poder controlar y manejar todo este asunto. El miedo en muchos casos surge del no saber o conocer. Por eso, el primer paso es educarse con la fuente de mayor credibilidad y mantenerse informado. 

Para calmar la sensación de angustia, practique lo que le ha resultado efectivo en otros momentos similares, por ejemplo, ejercicios de respiración, relajación, ejercicio físico y recreación. Enfocarnos en las cosas que sí podemos controlar, como son las medidas de higiene, prevención y medidas para prevenir la propagación es importante para nuestra salud y la de los nuestros. 

El año pasado en el mundo hubo un billón de casos de influenza y murieron 650 mil personas a nivel global. Hasta el 25 de febrero en el mundo se habían registrado 78 mil casos confirmados de coronavirus y 2, 400 muertes. Este número es significativamente menor al de la influenza y nos puede dar una relativa calma. Aunque el número de muertes por Influenza es mucho mayor, la tasa de mortalidad es de un 0.5 %. Sin embargo, esta misma tasa en COVID-19 la OMS la ha estimado en un 2-4% en el epicentro de la infección (Wuhan, China). Fuera de esta región la letalidad se reduce a un 0.75 según datos de OMS. 

El factor R0 de una enfermedad infecciosa se refiere al número de casos, en promedio, que van a ser causados por una persona infectada durante el periodo de contagio. Por ejemplo, el virus de sarampión tiene un R0 de 12; es decir, una persona con sarampión puede infectar a doce personas. Para el virus de la influenza este valor es de 2-3. Una persona con influenza puede infectar a 2 ó 3. En China se estimó que el R0 de coronavirus esta entre 1.5-3.5 y otros estudios reportan 4.08. En resumen, el coronavirus tiene mayor morbilidad y mayor contagio, a pesar de que los números totales de infectados y muertes son menores que los de la influenza. 

La herramienta salubrista principal que se tiene ante esta pandemia es la prevención y el controlar la propagación con las medidas que han adoptado los países afectados. Esto incluye cancelar eventos multitudinarios y prevenir el contagio mediante detención temprana y aislamiento.

La Asociación Americana de Psiquiatría (APA) y la Academia Americana de Psiquiatras de Niños y Adolescentes (AACAP) han publicado recomendaciones (apa.org aacap.org) que nos ayudan al manejo de nuestra respuesta emocional ante esta pandemia, que a continuación resumo y comento en nuestro contexto . 

1. Primero mantengamos el asunto en perspectiva. Al momento no existe un caso confirmado en Puerto Rico y aun cuando comiencen a surgir casos, la forma como se ha comportado la epidemia en nuestra región hasta el momento es con un número de casos limitados. A pesar de la gran cobertura en los medios y la abrumadora información y opiniones de tantos sectores, todo ello no necesariamente implica que estamos en un peligro mayor. Es recomendable mantenerse informado por fuentes de primer orden.

2. Mantenerse informado de los hechos y no rumores. Busque una fuente de su confianza y credibilidad. En este momento lo recomendable son los CDC, OMS y el Departamento de Salud de Puerto Rico. De igual forma, el Colegio de Médicos de Puerto Rico, así como su propio médico de cabecera, puede ser fuentes cercanas para aclarar dudas y preguntas.

3. Hable con sus hijos sobre el tema de forma honesta y apropiada para la edad y etapa del desarrollo. En este sentido la AACAP recomienda:

-Los niños observan cómo los adultos respondemos ante las emergencias. Por tal razón, para ayudar en la ansiedad de nuestros niños, primero debemos manejar nuestra propia ansiedad. 

-Puede ser necesario repetir la información muchas veces. No todo es comprendido por los menores y el preguntar muchas veces lo mismo es una manera de reafirmarse.

-Valide los comentarios, pensamientos y acciones de ellos. Hágales saber que usted valora sus comentarios y que son importantes.

-Los niños suelen percibir las situaciones como algo personal y pueden estar muy preocupados por su seguridad y la de su familia y amigos. Déjenles saber que en momentos de peligro, cuando algo malo o temible ocurre, hay mucha gente que ayuda a los afectados.

-No exponga a los menores a imágenes de muerte o miedo sobre el tema. Exponerlos a los medios sin supervisión puede ser perturbador. 

-Si la preocupación persiste y comienza a afectar el funcionamiento del niño pida ayuda a un profesional de la salud mental. 

4. Mantenga comunicación con sus familiares, amistades y red de apoyo. Compartan información oficial y sean críticos con información de las redes sociales. Vigile por los más vulnerables en nuestro entorno como envejecientes, niños y personas con enfermedades crónicas y discapacidades. 

5. Pida ayuda adicional si presenta síntomas de ansiedad que le dificulten su funcionamiento diario. Si usted padece o ha padecido de condiciones psiquiátricas dentro del espectro de ansiedad, como trastornos de pánico, trastorno de ansiedad por enfermedades, ansiedad generalizada, entre otras, así como trastorno obsesivo compulsivo, estos pudieran empeorar ante esta situación. Consulte con su psiquiatra, psicólogo consejero o trabajador social y mantenga sus medicamentos al día. 

Las emergencias de salud públicas no son fáciles de asimilar para adultos ni menores. Lo mejor que podemos hacer es escuchar sus preocupaciones y calmar, junto a educar en la prevención. Recuerde, todo evento natural tiene un principio y un fin. Ya en China, donde surgió la epidemia, comienza a disminuir el número de casos. 

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