María de Lourdes Lara

Décimo Aniversario de Agenda Ciudadana

Por María de Lourdes Lara
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La ruta: salir de todas las violencias

No habrá prosperidad con tanta pobreza. Los índices de nuestro país ubican a casi la mitad de nuestra sociedad sin capacidad de aportar al desarrollo de riqueza.

No ser un país próspero aumenta los índices de violencia, ignorancia y corrupción. Todos estos índices hacen menos viable lograr un proyecto nacional para salir de todas las crisis que vivimos. Esto no se resuelve con dádivas.

Podríamos, por ejemplo, duplicar o triplicar la filantropía y crear miles de organizaciones para atender a todos los que sufren y estos índices no bajarían mucho. No se puede delegar la tarea de resolver la violencia institucionalizada, producto de la desigualdad social, económica y política en cientos de organizaciones que tratan todos los días de salvar miles de vidas, con un sacrificio heroico. Se trata de un problema estructural. Todos somos responsables; no podemos dejarlos solos y hacernos de la vista larga.

La violencia de la pobre salud, la violencia de la contaminación de las comunidades, la violencia expresada en el maltrato a la niñez, a jóvenes presos y desempleados; la violencia de género; la que vemos en la xenofobia, la homofobia; la violencia del secuestro de la educación pública; la violencia de todos los días en el tapón de horas y la pérdida trágica de productividad, presos de la dependencia crónica y la depresión.

En muchas de estas violencias somos los primeros del hemisferio americano. ¿Cómo llegamos a este estado de situación? ¿Cómo enfrentamos, individual y colectivamente el reto de reducir o eliminar estos índices?

Piensan muchos, que vivir en un país de tanta miseria es normal. Creen otros que llegamos a esto porque somos más brutos, o más chiquitos o sin recursos. Políticos y analistas creen que esto se arregla con un cambio del status. Mágicamente, seremos más democráticos, más civilizados, más equitativos, solidarios. Nuestras ancestrales diferencias lograrán acuerdos para una economía próspera y una educación de primera. ¡Falso! No es tan simple que un cambio jurídico cambie las actitudes de un pueblo.

Puerto Rico enfrenta una situación muy compleja, muy avinagrada y naturalizada. Necesitamos reconocerlo para iniciar una ruta contra la violencia. Reconocer, por ejemplo, que sufrimos de un déficit democrático muy agudo: sólo uno de cada 10 ciudadanos puede nombrar un derecho humano o civil.

Reconocer que el modelo político-económico contradice su propio discurso: porque el poder no emana del pueblo si no está educado y capacitado para tomar decisiones informadas y porque el neoliberalismo no garantiza una economía próspera y sostenible. Por el contrario, se reducen posibilidades para más del 90% de sus habitantes. Tal como lo tenemos diseñado, se han agudizado las quiebras, el desempleo y la productividad.

Necesitamos nuevas rutas, atrevernos a visualizar un país que reduce o hasta elimina sus índices de violencia, con modelos que adapten las mejores prácticas de países prósperos y civilizados. Debemos educarnos para construir nuestra democracia: conocer y respetar derechos humanos y civiles y garantizar empleo pleno, salud y educación midiendo la movilidad social y la felicidad.

No es una quimera; no es un privilegio de sangre. Es la propuesta de todas las naciones que deciden hacerlo, se juntan, diseñan y se mueven en esa ruta. Desde Agenda Ciudadana hemos dialogado y nos hemos movido hacia esas prácticas. Hemos caminado, pero necesitamos que muchos más decidan caminar en otra dirección. Podemos hacerlo índice a índice y empezar por aumentar las competencias ciudadanas: esas destrezas de pensamiento, de relaciones, de estima propia, de acciones de desarrollo democrático que propician la colaboración y la responsabilidad compartida. A diez años de iniciada la ruta, invitamos a seguir andando.

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