José E. Muratti Toro

Punto de vista

Por José E. Muratti Toro
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Las aerolíneas, la red de apoyo social y el COVID-19

Las aerolíneas de los Estados Unidos pretenden que el gobierno federal les extienda $50 billones en transferencias para absorber las pérdidas de ingresos por vuelos cancelados debido a la pandemia del COVID-19. Pretenden, además, que se les extiendan préstamos a 0% de interés, aprovechando que el Fed redujo las tasas a 0-0.25%. Ya Trump dijo que respaldará 100% a las aerolíneas. 

De acuerdo con el Institute on Taxation and Economic Policy (https://itep.org/covid-19-is-no-excuse-for-airline-industry-or-any-other-corporate-tax-cut/), al 10 de marzo de 2020, en los dos años desde que se aprobó la reducción de impuestos de Trump a las corporaciones, de 35% a 21%, las aerolíneas estadounidenses reportaron $30 billones en ingresos pre-contribuciones, por lo que pagaron unos $690 millones a base de una tasa efectiva de 2.3%. Esto significa que retuvieron $29.3 billones en ingresos libres de contribuciones. Ni cortas ni perezosas, invirtieron el 96% del efectivo en caja que les produjo dicha exención para comprar sus propias acciones, lo cual aumentó el valor de las mismas y las compensaciones de sus ejecutivos.

Considerando que las líneas aéreas consumen 2/3 partes del petróleo que se produce a nivel mundial y que han reducido sustancialmente el uso de combustible, que están cesanteando o reduciendo la jornada a decenas de miles de empleados, y que han invertido el 96% de sus ahorros en comprar sus propias acciones, pedirle al gobierno que les recompense por un desastre natural es un descaro y un craso ejemplo del famoso “corporate welfare” o la pretensión de que el gobierno absorba las necesidades de consumo de estos “contribuyentes” corporativos.

Mientras, Trump y los republicanos, “preocupados por los déficits” que supuestamente crea la red de apoyo social (welfare) para los ciudadanos siguen adelante con sus planes de: A) reducir en $15 billones los cupones de alimentos (Supplemental Nutrition Assistance Program, o SNAP); B) reducir en 15.2% los fondos discrecionales para subsidio federal de vivienda porque, según Ben Carson, “sacar las personas de programas federales contribuye a mejorar la economía”; y C) reducir en 10% la asistencia a familias de escasos recursos (Temporary Assistance for Needy Families block grants), entre otras reducciones. Un total de 34.6 millones de ciudadanos (11.8%) quedan cada vez más descobijados de la red de seguridad social.

De acuerdo con el Censo de Estados Unidos, en el 2018, 27.5 millones de estadounidenses no contaban con ningún seguro de salud. A su vez, quince estados (Alabama, Florida, Georgia, Kansas, Mississippi, Missouri, Nebraska, North Carolina, Oklahoma, South Carolina, South Dakota, Tennessee, Texas, Wisconsin y Wyoming - www.healthinsurance.org/medicaid/) no reciben Medicaid para sus ciudadanos más desventajados principalmente por razones ideológicas y catorce no han expandido la cubierta de Medicaid dejando de recibir $305 billones del gobierno federal para estos fines. De los veinte estados que han rechazado implantar o expandir el programa de Medicaid, diecisiete cuentan con gobernadores republicanos y dieciocho tienen legislaturas controladas por republicanos, todos preocupados por la dependencia del “welfare” de los 34.6 millones ciudadanos que viven bajo el nivel de pobreza.

Para colmo, el Partido Republicano está intentando bloquear la transferencia de $1,000 por cada núcleo familiar con ingresos menores a $85,000 anuales, que la Cámara ha propuesto a raíz del aumento de contagiados con el COVID-19, para paliar la pérdida de ingresos por concepto de suspensiones de trabajo e ingreso y cierre de pequeñas y medianas empresas.

La crisis creada por el COVID-19 ha puesto de manifiesto cuán desprovistos de una red de apoyo se encuentran los ciudadanos más desventajados y cuán dispuesto está el gobierno, como en el 2008, de ir al rescate de algunas de las empresas mejor remuneradas del planeta, creando un déficit en el presupuesto federal que, a su vez, pretende contrarrestar reduciéndoles beneficios precisamente a los ciudadanos con menos recursos, muchos de los cuales, irónicamente respaldan la política pública del gobierno de turno.

El COVID-19 está sacudiendo el sistema-mundo en el cual vivimos. La fórmula del neoliberalismo que predica que la raíz de todos los problemas reside en los gobiernos y que solo el sector privado tiene todas las soluciones, ha quedado, al igual que el hombre-que-quiso-ser-rey, al desnudo. De golpe y porrazo, los ciudadanos del mundo tropiezan con la realidad de que las pandemias, como una especie de metáfora de las acciones humanas que afectan a la mayor parte de la humanidad, revelan que las corporaciones son tan dependientes de los gobiernos como los ciudadanos, pero que, por virtud de sus caudales, son las primeras en recibir los primeros auxilios, con demasiada frecuencia a costa del bienestar de la mayoría.

Al igual que los virus, las corporaciones diezman los recursos de los gobiernos para su propio beneficio, debilitando el organismo social hasta causar la muerte a gran parte de sus células, los habitantes que crean y sustentan su supervivencia. Al igual que con los virus, las corporaciones que controlan los estados al financiar a los políticos que los gobiernan, tarde o temprano descalabran al organismo huésped hasta condenarlo al deterioro y la muerte. Esa es la historia de los imperios. Esa es la historia que estamos viendo acontecer frente a nuestros ojos. Esa es la historia que estamos viviendo.

Afortunadamente, los seres humanos tenemos la capacidad de vencer las adversidades propias de la naturaleza siempre y cuando nuestra propia naturaleza no nos lo impida. De cara a los cambios que enfrentamos en este 2020, tal vez podamos reinventarnos como humanidad y reconfigurar la forma en que vivimos y convivimos. De lo contrario,nos espera la misma suerte que los dinosaurios y el resto de las 100,000 especies de animales que se extinguen cada año.


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