Ibrahim Pérez

Tribuna Invitada

Por Ibrahim Pérez
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La salud al son de cada vecindario

Existe un extraordinario modelo de medición desarrollado por United Health Foundation, publicado como “America’s Health Rankings”. Sus informes anuales describen detalladamente la salud de cada uno de los 50 estados mediante 35 distintos indicadores en cinco categorías: estilos de vida, condiciones comunitarias y ambientales, políticas públicas, cuidado clínico y resultados en la salud poblacional. El informe de 2018, aparece en www.americashealthrankings.org. Se trata del reporte número 29 publicado desde 1990.

Ese valioso instrumento de medición sirve de guía a los estados para conocer sus fortalezas, debilidades y retos en salud. Además ilustra su evolución a través del tiempo. Es el retrato perfecto que añoraría tener cualquier salubrista que quiera establecer estrategias de mejoramiento con altas probabilidades de éxito para un sistema de salud, pero basadas en estadísticas confiables. Desafortunadamente, en Puerto Rico no hemos desarrollado un mecanismo similar que podamos utilizar como herramienta de trabajo en el campo de la salud para medir nuestro desempeño y compararnos con estados y países.

En el informe de 2018, dominan entre los 10 estados más saludables cuatro de los seis estados de la región noreste de los Estados Unidos: #2 Massachusetts, #3 Connecticut, #4 Vermont y #6 New Hampshire. A este grupo se añaden otros tres estados de diversas regiones que han estado entre los primeros diez desde el primer informe en 1990: #1 Hawaii, #5 Utah, #7 Minnesota.

La información más impactante que se deriva de estos informes es la situación de salud que prevalece en un grupo de estados del sur. Seis de los once estados confederados (Mississippi, Louisiana, Alabama, Arkansas, South Carolina y Tennessee) continúan en 2018 petrificados en las peores 10 posiciones que han ocupado casi permanentemente cada año desde 1990. Dichos estados ocupan las peores posiciones en cruciales indicadores de salud: expectativa de vida, mortalidad infantil, nivel de pobreza, mediana de ingreso familiar, muertes por enfermedades cardiovasculares, cáncer, tabaquismo, obesidad y diabetes.

El bloque de 11 estados confederados del Sur, que incluye además a Virginia, Florida, Texas, North Carolina y Georgia, con mejores condiciones de salud que los seis antes indicados, tienen una población de 103 millones de habitantes (una tercera parte de la población de Estados Unidos). En esos 11 estados contiguos se concentran 19.6 millones de afroamericanos, un 51% de los 38.4 millones que residen en todo Estados Unidos. Y múltiples fuentes han establecido que esa población tiene una expectativa de vida promedio cuatro años menor y el doble de mortalidad infantil que la población blanca. Y que la brecha de riqueza entre blancos y afroamericanos es hoy 40% mayor que en 1967.

La pobre y persistente condición de salud de ese grupo de estados confederados es una expresión inequívoca de la indefensión que inexplicablemente todavía esclaviza al segmento poblacional afroamericano del Sur. Ni el gobierno federal, ni sus senadores y representantes, ni su Constitución, ni los Derechos Civiles, ni el Sueño Americano los ha podido sacar del frío sótano plagado de discrimen y desigualdad económica, social y política que ocupan. Una buena salud solo será posible para ellos cuando la ambicionada igualdad se transforme de un concepto retórico hueco en equidad real, accesible, alcanzable para todos.

El propio informe brinda esperanza. Confirma que salir de ese hoyo es posible. Lo demuestra Nueva York, un estado con alta diversidad racial y étnica (33% de población afroamericana-hispana) que ocupaba la posición 40 en 1990, ha evolucionado hasta posicionarse como el décimo estado más saludable en 2017-2018, y se ubica hoy, además, entre los mejores en decisivos indicadores como expectativa de vida y mortalidad infantil.

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