Ninoshka Rivera Torres

Tribuna Invitada

Por Ninoshka Rivera Torres
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La salud mental como urgencia nacional

Hace algunos meses, muchos titulares hablaban sobre el aumento de suicidios y el deterioro en las condiciones de salud mental en Puerto Rico luego del huracán María. Los números registrados eran alarmantes.

Sabemos que vivir un desastre natural suele dejar traumas e impactar grandemente nuestra salud mental. A pesar de esto, si estudiamos las estadísticas de casos de suicidio en muestra isla, podemos observar que el suicidio ha estado muy marcado en años anteriores, con tasas incluso más altas.

En 2009 hubo 365 muertes por suicidio, número que fue disminuyendo considerablemente hasta 2016, con 196 muertes, pero aumentó de nuevo el año pasado a 252 muertes.

Aun cuando, en términos comparativos, los indicadores sean menores a décadas anteriores, las cifras se mantienen inquietantes. ¿Qué nos sugiere esto? El mensaje es claro: María ha sacado a la luz la pobre salud mental en la cual ha estado sumido nuestro país.

Por muchos años, nuestra atención a los asuntos de salud mental ha sido insuficiente. En 2015, Assmca estimó que el 5.4% (149,885) de la población adulta del país padecía de una enfermedad mental severa. Sin embargo, ese mismo año hubo denuncias de condiciones inhumanas en el Hospital de Psiquiatría, pero ASSMCA tardó meses en responder.

Esto nos demuestra que los problemas de salud mental muchas veces se quedan en estadísticas. Es imperante atenderlos y necesario evaluar las intervenciones que se han llevado a cabo para evaluar si están siendo eficientes o deben afinarse.

La atención que se le ha brindado a la salud mental luego del paso del huracán María provoca sentimientos encontrados. Por una parte, resulta positiva ya que es imperativo enfocarnos en mejorar la calidad de vida de las personas. Por otra parte, es preocupante que haya tenido que ocurrir una catástrofe para finalmente darle la importancia que la situación amerita.

Lamentablemente esto también ocurrió en muchos otros ámbitos, abonando al detrimento de nuestro bienestar mental. Es importante reconocer que la salud mental no queda encapsulada únicamente en hospitales o medicamentos, sino que factores sociales como la crisis económica y el deterioro de nuestros recursos educativos y de salud inciden tanto en nuestra salud física como mental.

Esperemos que nuestros esfuerzos puedan redirigirse para ocuparnos de las condiciones de salud mental de los puertorriqueños de una manera integral. De ahí despuntará un Puerto Rico saludable que realmente se levantará.

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martes, 10 de julio de 2018

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