Angie Vázquez

Tribuna Invitada

Por Angie Vázquez
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La salud mental en los desastres

Decía la pasada directora de la Red Sísmica de Puerto Rico, la Dra. Christa von Hillebrandt-Andrade, que no debíamos llamar “desastres” a los eventos propios de la naturaleza. Aunque pueden causar daños, son eventos naturales, cíclicos y orgánicos del planeta Tierra. La terminología del “desastre”, opinaba, es aplicable a las decisiones erradas del ser humano que trastoca y reta los ritmos naturales del mundo con acciones que ignoran o dan poca importancia a las leyes físicas. Tal es el ejemplo de la construcción de ciudades en lugares donde hay fallas geológicas o en terrenos peligrosos por inundaciones o deslaves.

Mientras nuestra atención se concentraba en el desastre del huracán Harvey en Texas, Estados Unidos, se nos fueron escapando, omitiendo u ocultando, eventos simultáneamente desastrosos alrededor del mundo (terribles inundaciones en Bangladesh, Japón, Australia e Italia, terremotos como el de México y fuertes sequías en China, Colombia y regiones en Estados Unidos). Al Caribe llegó el huracán Irma estableciendo precedentes con sus vientos, lluvia y daños compartiendo espacios con Katia y José. Y la pregunta que nos hacemos ahora es si este devastador cuadro atmosférico mundial fue una excepción geo-histórica o si es la norma climática que nos espera en el futuro.

Debemos prepararnos para eventos iguales o peores. El cambio climático es un hecho aceptado por la mayoría de los científicos, aunque existen desacuerdos sobre las causas. De cualquier forma, las futuras decisiones ambientales que tome la comunidad internacional deben mitigar los desastres mundiales de trágicas proporciones. Lo impensable, lo inaceptable, sería no hacer nada para proteger el planeta y la maravillosa diversidad vital que contiene.

La psicología del desastre, nueva especialidad disciplinaria, plantea la necesidad de tomar previsiones científicamente pensadas, planificadas e implementadas antes, durante y posteriores a un evento catastrófico para ayudar mejor a los pueblos o sectores afectados que enfrentan circunstancias de amenaza real y objetiva a su integridad física y mental así como de supervivencia. Como ha descrito el Dr. Alexis Lorenzo Ruiz, experto en Desastres, las catástrofes son eventos frecuentes y probables en unas regiones más que en otras, como en el Caribe, pero lo que definitivamente agrava el problema es la falta de planificación racional humana a su abordaje o manejo.

No podemos controlar los eventos naturales, pero podemos educar las poblaciones y sus gobiernos hacia un mejor manejo del impacto traumático de incidentes catastróficos. La salud mental se afecta en demasía cuando falta el agua, la comida, la ropa o la electricidad, se pierde la vivienda, el lugar de empleo queda inhabilitado, la familia queda desprotegida o se pierden vidas. El disloque sistémico subsecuente es tan grave como el evento original. Si atendemos solamente lo material y no el estado general mental de la población el desastre es atendido a medias.

En Puerto Rico es necesario que las organizaciones profesionales de la salud tomen cartas en las determinaciones de política pública a desastres creando un comité multidisciplinario que aporte proactivamente a la planificación del manejo físico, psicológico, social, espiritual y medioambiental de las potenciales víctimas para mitigar, aliviar y prevenir secuelas anímicas y psicológicas que incluyen estados emocionales alterados como el estrés post-traumático, el agotamiento o quemazón mental, sentimientos de vulnerabilidad o desamparo y otras igualmente serias.

La amenaza huracanada de Irma nos da la oportunidad de aprender una valiosa lección. Debemos mirarnos en el espejo de las regiones seriamente afectadas (Culebra, Vieques, Loíza o San Martín y las islas adyacentes) para evitar el caos humano que ha producido la desesperación del abandono a su suerte. Para evitar mayores desgracias tenemos que formular otro tipo de planes de emergencia cuanto antes. La preparación integrada y racional a las catástrofes no solo es la clave de vida sino la única solución responsable y esperanzadora. 

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