Mario Medina

Tribuna Invitada

Por Mario Medina
💬 0

La satisfacción del deber cumplido en la UPR

(Los coautores de este escrito son los exrectores Herminia Alemañy, José Encarnación, John Fernández Van Cleeve, Ramón González, Mario Medina, Moisés Orengo, Carmen Skerett, Doris Torres, Sylka V. Torres Navas y Raquel Vargas.) 

Los diez rectores y rectoras en funciones del Sistema de la Universidad de Puerto Rico recibimos mediante correo electrónico el pasado 18 de julio de 2017 una carta del Dr. Darrel Hillman, presidente interino, informándonos que cesábamos en nuestros puestos de inmediato. El día antes, nos había solicitado que remitiéramos a la presidencia diversos informes con carácter de urgencia, entre ellos, el Informe de transición de diciembre de 2016, el estatus de informes de la agencia acreditadora Middle States Commission on Higher Education (MSCHE) y personas contactos, el presupuesto detallado para el año académico 2017-2018, y cualquier otro informe pertinente a nuestro cargo. 

Los rectores y rectoras anticipábamos reunirnos con el presidente Interino para la discusión de estos informes. Nunca tuvimos la oportunidad de reunimos con él para dar continuidad a la gobernanza y entrar a un nuevo ciclo donde hubiese una transición ordenada, como requieren las agencias acreditadoras. Estuvimos al frente de nuestras unidades en los momentos más difíciles en la historia de la Universidad. Desde febrero de 2017, junto a la presidenta interina Dra. Nivia Fernández, estuvimos día y noche laborando por mantener las operaciones del sistema, a pesar de las dificultades que representaban una huelga estudiantil complicada, el diseño de un borrador de plan fiscal cuestionado por la comunidad universitaria y una Junta de Gobierno incompleta. Coincidimos con el doctor Hillman cuando le comentó a una periodista de El Nuevo Día que un huracán acababa de pasar por el sistema de la UPR, causando daños severos en la centenaria institución.

En efecto, la UPR enfrentó y enfrenta todavía un terrible huracán. Podemos diferir en las causas y las acciones necesarias para enfrentarlo. Pero lo que debe reconocerse es que han sido los rectores recientemente destituidos los que aguantaron los vientos de tempestad y salvaguardaron a la UPR durante la crisis. Cuando la doctora Fernández nos solicitó continuar sirviendo a la Universidad desde las rectorías, ninguno dudó en dar un paso al frente por el bien de la Institución. Todos aceptamos el reto, independientemente de que fuésemos rectores o rectoras interinos o en propiedad.

En mayo de 2017, la doctora. Fernández se vio forzada a renunciar a su puesto de presidenta interina. Los rectores nos mantuvimos en nuestros puestos para que la gobernanza del sistema no se viese afectada ante las agencias acreditadoras institucionales y profesionales. Laboramos sin pausa ni tregua para mantener los servicios a los solicitantes de nuevo ingresoy la continuidad de las operaciones básicas. Aun sin un presidente o presidenta, cumplimos con nuestro deber, a saber: sostener comunicación y contestar todas las peticiones de informes de MSCHE y del Departamento de Educación Federal sobre becas estudiantiles (Título IV); restablecer la normalidad en los recintos afectados por las manifestaciones estudiantiles; poner en condiciones apropiadas las facilidades físicas de las unidades; restablecer las clases regulares mediante la aprobación del calendario académico enmendado y aprobado por la Junta Administrativa; aprobar un calendario de verano en la mayoría de las unidades; y como si fuera poco, completar el ejercicio del presupuesto ajustado a un recorte de $162millones para el sistema UPR.

Nuestras gestiones fueron reseñadas en varios medios noticiosos y no se circunscribieron a mantener las operaciones de nuestras unidades. Desde mediados del mes de mayo hasta mediados de julio de 2017, acudimos a todos los foros pertinentes, donde una y otra vez, solicitamos al Senado de Puerto Rico que confirmara a los nuevos miembros de la Junta, designados por el Dr. Ricardo Rosselló, gobernador del Estado Libre Asociado de Puerto Rico. La urgencia de nuestro reclamo estribaba en la necesidad de constituir la Junta de Gobierno para nombrar a un presidente, redactar el plan fiscal de UPR y aprobar el presupuesto operacional del 2017-2018. Dicho presupuesto, que se presentó ante la Junta Universitaria el 24 de julio del 2017, fue trabajado en los recintos por cada uno de los rectores destituidos. 

Si los rectores salientes fueron los gestores de dicho presupuesto, ¿qué razón tendríamos para votarle en contra a un documento que trabajamos, defendimos ante el Comité de Presupuesto de la Junta Universitaria y endosamos como lo más razonable ante los recortes que se nos impusieron? Por lo antes expuesto, nos asombran las expresiones del presidente interino: “Yo vi en esos rectores (destituidos) que la cosa no estaba moviéndose rápidamente. Cuando ellos mismos habían renunciado y quedaron como interinos después, algo sucedió después de la huelga que ellos no mostraron el interés que yo creo que debe mostrar un rector de un recinto en esta situación”.  Siempre estuvimos disponibles para dialogar en todas las instancias y con todo el mundo desde estudiantes, claustrales, personal no docente hasta con funcionarios gubernamentales y funcionarios electos, como el senador Abel Nazario, presidente de la Comisión de Educación y Reforma Universitaria del Senado de Puerto Rico. Junto al senador Nazario y varios miembros de la Junta Universitaria sostuvimos una conferencia de prensa para abogar por la confirmación de los miembros de la Junta de Gobierno.  

A pesar de no tener un presidente en funciones y sin un plan fiscal certificado por la Junta de Supervisión Fiscal (JSF), solicitamos una audiencia con la señora Natalie Jaresko, directora ejecutiva de la misma, y nos atendió el Sr. José Carrión III, su presidente. Dejamos saber a la JSF que los rectores estábamos en disposición de colaborar con diversos sectores de la comunidad universitaria para redactar un plan fiscal, a pesar de un recorte de fondos desproporcionado e injusto para la UPR. Nosotros optamos por el diálogo constructivo. Este ejercicio de diálogo se construye a través de desarrollar confianza entre las partes y requiere paciencia. Por esto fue posible que los portones se abrieran sin conflictos donde corriera la sangre. En algunos recintos los comités de diálogo se mantuvieron después de la huelga y se cumplió con la política de sana convivencia.

La experiencia vivida contrasta significativamente con varias expresiones del doctor Hillman al diario El Nuevo Día, por ejemplo: “(La UPR) ha sido destruida... Pero los cimientos están ahí, pero sí, habían (sic) muchas oficinas de momento vacías. Los procesos se siguieron dando, pero habían (sic) oficinas vacías.”  Esta afirmación del doctor Hillman no precisa a qué oficinas vacías se refiere y en qué momento.  Asumimos que no se refería a los dos meses del período huelgario, porque entonces todas las oficinas estaban vacías dentro de los recintos. Sin embargo, todos los rectores estuvimos trabajando en espacios alternos fuera de los recintos. La labor concertada y continua de nuestros equipos de trabajo fue la que hizo posible la restauración de la elegibilidad de la UPR para recibir y administrar asistencia económica federal, noticia recibida al concluir la semana en que fuimos destituidos.

Finalmente, deseamos traer a la atención del lector dos manifestaciones del presidente interino citadas en la prensa. Primera cita: “Soy un instrumento de la historia. Yo vengo aquí a cumplir una misión. Yo soy Rambo', expresó, en tono de broma, en referencia al personaje de películas de acción” (Dr. Hillman y periodista). Consideramos que, aunque hubiera sido una broma, la analogía con Rambo es ajena a los estilos y valores universitarios. Y la segunda cita: “Yo simplemente soy un mediador para buscar todos los talentos que tiene nuestra Universidad, porque son innumerables en todos los recintos, y unirlos para poder salir de esta situación”. Rambo no es un mediador, sino un exterminador. Lo que hemos visto hasta ahora es más propio de Rambo que de un mediador. Un mediador se hubiera reunido con los rectores, aunque luego decidiera destituirlos a todos. Un mediador hubiera leído los informes requeridos y sometidos antes de tomar una decisión de destitución abrupta, para luego argumentar que no se habían atendido los asuntos de urgencia debidamente.

Por todo lo antes expuesto, afirmamos que como rectores y rectoras tenemos la satisfacción de que cumplimos con nuestro deber. Regresamos a la cátedra para desde allí continuar la búsqueda de nuevos conocimientos y propiciar la formación de la nueva generación de puertorriqueños dispuestos a defender sus principios, su dignidad y su Alma Mater.

Otras columnas de Mario Medina

💬Ver 0 comentarios