Arturo Estrella

Tribuna Invitada

Por Arturo Estrella
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Las caídas de la bolsa

La bolsa de valores ha tenido un par de caídas grandes este mes. No hace falta tener un doctorado en finanzas para entender por qué ocurren estas caídas y para saber si uno se afecta. Basta con tener en cuenta dos principios básicos sencillos.

El primer principio es que si bajan las ganancias que se espera tenga una compañía en el futuro, el precio de sus acciones baja también. Un ejemplo reciente es el de Boeing, uno de los mayores fabricantes de aviones del mundo.

Cuando se estrelló en octubre pasado uno de sus nuevos modelos 737 MAX y perecieron todos a bordo, el horror humano fue seguido de un efecto negativo sobre los prospectos de ganancias futuras de la compañía y el precio de las acciones bajó.

Cuando ocurrió otro desastre con este modelo en marzo de este año, el efecto se repitió, y al salir a la luz que los accidentes estaban relacionados a un sistema que había instalado la compañía sin suficiente divulgación a los pilotos, las acciones bajaron aún más.

Un bajón en el precio de una sola acción no es suficiente en general para hacer caer la bolsa, aún si la compañía es grande. La bolsa entera se cae cuando este efecto se siente a través de muchas compañías, como ocurre por ejemplo durante una recesión económica.

De momento, la economía de Estados Unidos sigue creciendo, pero hay que entender que los inversionistas miran hacia el futuro y no al presente. Cuando el presidente de Estados Unidos dice que le encantan los aranceles y pone a escalar una guerra comercial, los inversionistas ven venir una contracción económica, aunque ésta no haya llegado todavía.

El segundo principio que hay que tener en cuenta es que los precios de las acciones tienden a bajar si suben las tasas de interés. El razonamiento de este efecto es un poco más sutil, pero no es complicado.

Cuando suben las tasas de interés, los bonos nuevos que incorporan las tasas más altas se hacen más atractivos para los inversionistas que los bonos y acciones ya existentes. Por lo tanto, bajan los precios de estos últimos. En este caso, el efecto se manifiesta en todas las acciones a la misma vez.

La tormenta perfecta ocurre cuando surge el temor de una contracción económica y al mismo tiempo el banco central sube las tasas de interés o amenaza con hacerlo. En este caso, la caída de la bolsa es casi inevitable.

Uno puede preguntarse ¿cómo me afecta a mí una caída de la bolsa? Si tengo acciones, sufro una pérdida inmediata en su valor, aunque puedo retenerlas a ver si se recuperan. Si uno depende de ingresos regulares de una cartera de inversiones para su consumo, es arriesgado tenerlo todo en acciones.

Si no tengo acciones como tal, todavía puedo sufrir pérdidas con una caída si dependo de un plan de retiro que invierta en acciones o si tengo ahorros invertidos en fondos mutuos o en cuentas bancarias que inviertan en acciones.

Si no tengo ahorros en absoluto, es obvio que tengo otros problemas, pero todavía me puedo afectar cuando se cae la bolsa. En este caso no sería a través de las inversiones sino a consecuencia de las causas primordiales de la caída de la bolsa.

Por ejemplo, muchos pierden su empleo o se reducen sus ingresos durante una recesión o una guerra comercial. También, si suben las tasas de interés y no tengo ahorros, me va a costar más un préstamo si me hiciera falta. En todo caso, es difícil no sufrir algún tipo de revés cuando se cae la bolsa. Hay que estar pendiente.

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