Danilo T. Pérez Rivera

Tribuna Invitada

Por Danilo T. Pérez Rivera
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Las cenizas y la fe mermante en el gobernador científico

Puerto Rico hoy despierta confundido. La semana pasada el gobernador Ricardo Rosselló firmó la Ley 40, que se anunció con un fin claro: prohibir el depósito de cenizas de carbón. Dada la ausencia de credibilidad de la aprobación del proyecto, manifestantes permanecieron en el área, convencidos que esto no era el fin. Dicho y hecho, la Policía de Puerto Rico inició un operativo esta madrugada para abrir paso a las compañías concernientes y sus empleados para establecer labores normales. En una semana, aquellos que miraban estas comunidades y se preguntaban por qué eran de tan poca fe, tristemente le conceden la razón. Así nos encontramos en Puerto Rico: cuestionándonos nuestra fe, con un gobernador científico procedente de un partido conservador que hace uso y costumbre traicionar la razón.

Es increíble que en una crisis como en la que nos encontramos, aún no podamos creer ni en las leyes que se aprueban, como si tuvieran “letras pequeñas” como un pacto contractual con un diablo hecho empresario que no viene a servir sino a cobrar. Que en una crisis donde nuestro líder electo hablaba de sostener negociaciones en buena fe con bonistas, el mismo parezca con el pueblo ser un “gran maceta”, amenazando tanto nuestro bolsillo, como nuestra cabeza y corazón, demostrado solamente una vez más con este ataque a nuestra salud. ¿A qué me refiero? En estos momentos, estas acciones en Peñuelas, que muy posiblemente sean llamados a reactivar luchas paralelas como en Yabucoa, e incluso la famosa incineradora de Arecibo, cuyos horribles impactos ambientales y a nuestra salud han sido ampliamente reseñados, son solo una muestra más de que, contrario a lo dicho en campaña, lo peor está por venir.

Nuestra capacidad de razonar, crear e innovar, nacida desde nuestra cabeza, todos podemos concordar que será elemento crucial a levantarnos en esta crisis, y sobre esto se hizo campaña. Con trasfondo de hijo de un Mesías, se eligió un gobernador científico, cuyo tiempo en el continente asiático tal vez nos pudiese traer un milagro como el coreano. El milagro económico que fue el rescate de Corea del Sur en el 1960, cuyo ingreso per cápita en ese momento era menor al de Uganda, fue casi exclusivamente producto de su política científica y educativa. Esto los llevó a ser hoy día los productores de toda nuestra tecnología: desde las neveras LG al celular Samsung del cual posiblemente me lees. El Gobernador también anunció en paralelo a prohibir el depósito de cenizas, iniciar esfuerzos para fortalecer nuestra Universidad de Puerto Rico. ¿Será esta otra falsa promesa? Un gobernador científico fortalecerá el Fideicomiso de Ciencias, Tecnología e Investigación, ¿o la entregará a una desmedida politización?

A estas alturas lo más que nos puede pedir es nuestra confianza en su trabajo, nuestra perseverancia de un “yo no me quito”, nuestro respeto y, en fin, nuestro corazón que late en todos: estadista, independentista o estadolibrista, por un amor por Puerto Rico. Pero, ¿cómo pongo mi corazón a la disposición de un gobierno que no respeta como yo amo? ¿Cómo respetar un gobierno que tergiversa mi fe para discriminar contra mis hermanos bajo un manto mentiroso de “libertad religiosa”? Sobre esto, también el gobernador se ha pronunciado, prometiendo asegurar la defensa de las comunidades LGBT+, pero, ¿cómo creer en ello si incluso por defender estas comunidades sus nominaciones ha tenido que retirar?

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