Michel Mulgrew

Tribuna Invitada

Por Michel Mulgrew
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Las chárter no son la solución

Las escuelas chárter han sido vendidas por sus proponentes como laboratorios de innovación, capaces de desarrollar nuevas formas de educar a los niños. Ciertamente, ese no ha sido el caso de la Ciudad de Nueva York, donde las chárter dependen de los recursos e infraestructura de las escuelas públicas, mientras evaden su responsabilidad con los estudiantes. Alrededor de todo Estados Unidos, las chárter han servido frecuentemente como el primer paso hacia la privatización de la educación pública.

Las consecuencias negativas de las chárter en Nueva York han sido claras desde sus comienzos. Este sector ha drenado el sistema de recursos, excluyendo a muchos estudiantes y evadiendo el escrutinio público sobre sus operaciones.

Costos: La colocación de chárter en espacios públicos -incluyendo aquellas que cuentan con millones en fondos de Wall Street y financiamiento privado, y que fácilmente podrían pagar su propia renta- ha causado que muchas escuelas públicas pierdan salones previamente destinados para consejería, arte, música y otras actividades de enriquecimiento académico.

Equidad: las chárters no matriculan y retienen el mismo porcentaje de estudiantes con necesidades especiales que las escuelas públicas. En la ciudad de Nueva York tenemos chárter y escuelas públicas que comparten el mismo edificio, sin embargo, la escuela pública tiene tres veces más estudiantes de educación especial y cuatro veces más cantidad de niños sin hogar que la escuela chárter.

Disciplina y suspensión: las chárter lideran las estadísticas del estado de escuelas con mayor número de suspensiones estudiantiles. Más de la mitad de las escuelas chárter de la ciudad de Nueva York permiten la suspensión o expulsión de estudiantes por cualquier infracción del código de disciplina de la escuela, sin importar cuán leve sea, según un informe de la organización Advocates for Children.

Transparencia financiera: las chárter reciben fondos de los contribuyentes, pero no están sujetas a los mismos requisitos de supervisión o auditoría pública que las escuelas públicas. Los padres o contribuyentes de Nueva York que desean saber a dónde va el dinero público -como, por ejemplo, cuánto paga una escuela chárter a sus gerentes principales- tienen que investigar los archivos del Servicio de Rentas Internas. Los padres que desean saber quién está donando millones de dólares a una cadena de chárter, y si esos millones se están gastando para ayudar a los estudiantes, deben seguir pistas en Internet.

La expansión de las chárter es parte fundamental de la agenda de la secretaria de Educación de Estados Unidos, Betsy DeVos. Si hay alguna duda sobre su impacto, solo pregúnteles a los padres de Michigan, que vieron cómo las escuelas públicas de sus comunidades agotaron los recursos en un sector chárter que no estaba reglamentado, y que no solo falló en su desempeño, sino que también debilitó a todas las escuelas del sistema. Los estudiantes de todas las áreas, sean urbanas o rurales, perdieron. Los únicos ganadores fueron aquellos que trataban de obtener una ganancia de los estudiantes de Michigan.

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